Opinión: La cultura de la sofisticación

Reconocer lo bello en lo corriente y pararse a contemplar las pequeñeces de la vida es algo difícil para el ritmo frenético que posee la cultura occidental. Tan dada a los excesos, a la abundancia y al caos rutinario que se lleva la paz consigo
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El libro del té / Editorial Verbum

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En cambio, la cultura oriental es más dada a la sencillez y a la búsqueda de la paz interior a través de unos hábitos más pausados, como sucede en Japón. ´Su espíritu de cortesía exige que uno diga lo que debe decir y nada más´, relata Okakura Kakuzo, escritor de El Libro Del Té (1906).

En este libro, Okakura Kakuzo — filósofo e importante crítico de arte japonés — desmenuza las piezas que componen las pequeñas tradiciones de la cultura japonesa, que ya por aquel entonces empezaban a abrirse al mundo y a modernizarse. El escritor ansiaba con deseo que estas tradiciones nunca se perdiesen, o, al menos, se recordasen y se aprendiesen.

Kakuzo, que nació un 14 de febrero de 1862 en Yokohama (Japón), siempre estuvo muy ligado a las tradiciones ancestrales. Primero, en su país natal, y más adelante viajaría a la India donde se empaparía de más y más variadas tradiciones. Siempre interesado en la sinergia entre dos culturas, en como entrelazarlas y que se comprendiesen desde ambos prismas.

En cuanto a la comprensión, da la sensación de que el libro pretende — e incluso manifiesta — acercar la cultura oriental a la occidental, aunar tensiones, mitos, leyendas…. Y es que, estas culturas han estado divididas por siglos, cada una con sus costumbres, sus ideas y sus formas de entender la vida y la muerte. Hoy están más cerca que nunca — el mero efecto de la globalización — pero aún con mucho por descubrir y entender la una de la otra.

Y es precisamente Oriente, el que ha hecho del té parte de sus costumbres sociales. El autor se centra en su cultura natal, la cultura japonesa. Allí, el té conlleva todo un ritual; con la Ceremonia del Té, una experiencia de conexión con lo divino en la que se prepara la bebida milenaria siguiendo las tradiciones budistas Zen.

´En religión, el futuro está detrás de nosotros. En arte, el presente es eterno. Los maestros del té sostenían que solo los que hacen del arte una forma de vida pueden llegar a apreciarlo verdaderamente. Buscaban amoldar su existencia cotidiana al alto estándar del refinamiento que practicaban en el recinto del té´, relatos así se encuentran a través de sus párrafos, que, de forma literaria y algo abstracta, aportan luz en cuanto a tradiciones bastante desconocidas en España.

A través de sus siete capítulos, el autor sumerge al lector en la cultura ancestral japonesa. Además, ilustraciones con motivos de naturaleza que siguen la narrativa y ayudan a pulir esa apreciación por el detalle. Una de las enseñanzas principales del libro es la de la admiración por cada fragmento de la existencia, de la realidad. El observar y mirar donde nadie posa su atención, que tanto se pasa por alto en Occidente. El Japón aislado del mundo, ha desarrollado su propia forma de mirar y de considerar el detalle, ha pulido su sensibilidad.

Una obra que contiene herramientas maravillosas para aquellos curiosos por conocer más acerca de Oriente. Y no sólo para los amantes del té, y es que el título puede llevar a pensar que el té es el único protagonista, sino que el texto esconde tras de sí numerosas enseñanzas para el lector más perspicaz que se detenga a leer entre líneas. Y es que, como sugerían los párrafos de la obra mencionados anteriormente, ellos ven la virtud en decir lo necesario y no más. Ni un poquito más, ni un poquito menos. En la medida está la virtud. En apreciar cada cosa que se dice o qué se hace, o, en su contra, lo que se decide ni decir ni hacer. Siendo uno capaz de valorar cada momento de forma que no perdamos la perspectiva.

Admirar la belleza en lo común y vivir con más lentitud y sosiego.

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