Voluntarios de WWF Sevilla participan en una actividad de conservación en Doñana

La jornada de plantación en la zona de la Rocina se enmarca dentro del proyecto de conservación del espacio natural andaluz
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Bosque de ribera del arroyo de la Rocina en proceso de recuperación, Doñana | M.G.

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La ONG Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) lleva décadas trabajando para conservar el Parque Nacional de Doñana mediante diferentes acciones que buscan restaurar ecosistemas degradados. Este pasado fin de semana, el grupo local de Sevilla ha participado en una actividad de plantación para recuperar el bosque de ribera de la zona del arroyo de la Rocina. Una voluntariado que se ha desarrollado de 09.30 a 16.30 horas y que ha contado con la participación de un total de 18 personas.

Esta acción se enmarca dentro de un programa que pretende evitar la degradación ambiental y conservar Doñana, un espacio protegido único en Europa que constituye la mayor reserva ecológica del continente y cuya biodiversidad es única. Uno de los motivos que convierten al parque en un lugar tan particular es, concretamente, la confluencia de diferentes ecosistemas como el coto o la marisma. Este último es especialmente relevante por ser el sitio por el que transitan, y donde crían e invernan miles de aves europeas y africanas.

María, integrante de WWF y una de las coordinadoras del proyecto, ha señalado al final de la actividad de reforestación que el balance ha sido muy positivo, ya que se han conseguido plantar un total de 118 ejemplares de varias especies autóctonas, entre las que figuraban el romero. El próximo paso, dentro de unos meses, será hacer un seguimiento de esos árboles y arbustos plantados el sábado para comprobar que progresan adecuadamente.

La conservación de esta Reserva de la Biosfera se ha convertido en una de las tareas más difíciles de llevar a cabo en los últimos tiempos. Y es que, este humedal no sólo tiene que luchar contra especies exóticas invasoras como el eucalipto; sino que también se enfrenta a problemáticas de mayor calibre como la intensa sequía o los incendios forestales propios del verano. El último tuvo lugar en 2017 y arrasó más de 10.000 hectáreas de terreno.

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