Opinión: La revuelta contra la amnistía

España se vuelca contra la concesión de la amnistía a los nacionalistas catalanes. La mayoría de ciudadanos entiende que es ceder a un chantaje y renunciar a la unidad y estabilidad del país, con el único objetivo de Sánchez de continuar en Moncloa
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Foto: ABC de Sevilla

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España se lanza a las calles tras numerosos cánticos a la revolución por parte del candidato del Partido Popular, Alberto Núñez Feijoo:  El líder popular ha asumido en su discurso que “no habrá elecciones” pero se compromete a que “ni el PSOE ni Sánchez” lograrán “la amnesia del pueblo español”. “Vamos a seguir, no nos van a silenciar, no nos van a parar y no nos van a callar” espetó el candidato. “Es el mayor ataque al Estado de derecho y a la igualdad de las instituciones, y pretenden que nos callemos, nos dicen que somos unos radicales por defender al Estado y a la Justicia”, estas entre otras muchas, fueron las consignas lanzadas por el gallego durante la reunión de la Junta Directiva Nacional en Génova.

Lógicamente, no se puede decir que el candidato popular sea el instigador directo de las múltiples movilizaciones que se han producido, pero si se le puede achacar el haber subido la presión y empujar a las masas a la protesta contra lo que considera es “un ataque al Estado de derecho con una acción anticonstitucional”.

Sin duda, lo que está claro es que la fecha límite para que España vuelva ‘relativamente’ a la normalidad es el 27 de noviembre. Esa fecha es la línea roja para que nuestro país tenga un gobierno y guarde cierta estabilidad bajo el mando del PSOE, aunque sin duda, a pesar del hipotético gobierno socialista, se vivirán semanas de tensión, enmiendas y protestas. Durante estos días se ha convocado múltiples manifestaciones sedes provinciales del PSOE como protestas por la firma de la ansiada amnistía catalana tras la celebración del 1 de octubre del referédum ilegal y la huida de Carles Puigdemont 10 días después a Bruselas. Lugar donde se han llevado a cabo, reuniones en la sombra y de cuyo contenido poco se conoce entre el nº3 del partido socialista, Santos Cerdán y Carles Puigdemont.

El acuerdo alcanzado con ERC, no está teniendo la misma suerte que con Junt per Cat, con quien hay ciertas reticencias por la letra jurídica del pacto: Puigdemont apretará hasta conseguir todos sus deseos. Es comprensible el desconcierto que pueda generar que un huido de España tenga el poder de decidir la constitución o no del gobierno del país del que precisamente ha huido, y cuyas exigencias están siendo atendidas diligentemente por un gobierno, que aunque parezca increíble, el actual gobierno parece rendir pleitesía a sus peticiones por conseguir los votos para continuar en Moncloa.

¿Es propio de una democracia que un prófugo decida y que un gobierno acceda deliberadamente a todos sus deseos? Es cierto que el problema de la independencia fue muy mal gestionado por el Partido Popular en 2017 cuando se proclamó la DUI ( Declaración Unilateral de independencia), pero también es cierto que la falta de transparencia en todo el curso de los acontecimientos ha ensombrecido en un mar de dudas a aquellos que creemos que cuando la normatividad no acoge cuestiones excepcionales, el decisionismo político, más propio de Carl Schmitt debe prevalecer.

Sevilla

En la tarde de ayer 1.600 personas, según ABC de Sevilla, se dieron cita en la zona entre San Vicente y Baños para protestar contra la sede del PSOE por el acuerdo inminente sobre la amnistía. Consignas como: “Sánchez, traidor, golpistas a prisión” es el fiel reflejo de la disconformidad de un sector de la población española, que emocionalmente, muestra su desarraigo por una decisión,  que entienden  no les representa. Esta situación es el perfecto ‘caldo de cultivo’ favorable para que formaciones como Vox encuentren el nicho de desafectos para anidar y colonizar nuevas heridas y volver a una población más radical, rebelde y cuyo sentimentalismo político sea cada vez más tóxico y reaccionario.

Esta será la asignatura pendiente del PSOE, equilibrar el decisionismo político con la realidad reaccionaria que tendrá que superar.

 

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