La máquina de Anticitera, la última reliquia de Spielberg

El Dial del destino acrecienta el mito alrededor del mecanismo de Anticitera y lo convierte en una máquina del tiempo
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A mediados del año 1900 unos pescadores que rondaban el Mar Egeo en busca de refugio, encontraron lo que parecía un naufragio hundido cerca de la ciudad griega de Anticitera. En esta misma localización, un año después se descubrió que aquel naufragio era el de barco romano que rondaba los 2.200 años de antigüedad.

Dentro de este fortuito hallazgo se encontró, además de diversos tesoros y esculturas de bronce y mármol, un pecio romano que contenía un dispositivo al que se le llamaría posteriormente la máquina de Anticitera, bautizada así por el lugar de su descubrimiento. 

Este mecanismo deteriorado por el tiempo se mostró como una suerte de engranajes conectados entre sí, generando una máquina completamente desarrollada que era capaz de ponerse en movimiento como si de un reloj se tratara. Pero no fue hasta pasado el año 1950 cuando comienzan a realizarse estudios más exhaustivos sobre el artilugio. Fue entonces cuando se data su fecha de fabricación cerca del siglo I a.C. , descubriéndose además que se compone de 27 piezas ensambladas y coordinadas entre sí para su funcionamiento. Además, se dio a conocer que, sobre estas piezas, se contemplan unas inscripciones que mostraban referencias relacionadas con los signos del zodiaco, los meses del año, ciertos eclipses y acontecimientos importantes como los Juegos Olímpicos.

A partir de esas misteriosas inscripciones se empieza a deambular sobre los posibles usos que tenía este mecanismo. El más cotizado, y más certero según el rigor científico, es que fuera un aparato que medía con exactitud el movimiento de los astros. Esto le permitía predecir de forma exhaustiva los eclipses, tanto lunares como solares, el movimiento de los planetas, los meses y épocas del año y el cambio de las mareas. Esto último lleva a una teoría muy extendida en la actualidad que defiende que su función pudo ser similar a la de un astrolabio con un diseño más complejo al por entonces visto.

En cualquier caso se debe señalar que la mística que rodea este objeto está más que justificada pues, a pesar de su reducido tamaño en comparación con otros inventos de la época, no se vuelve a ver un mecanismo tan intrincado hasta el año 1500. Todo ello hace pensar que de no haberse hundido la máquina, quizás el futuro hubiera sido muy diferente en cuanto a avances científicos se refiere.

Siendo esta la realidad, o al menos, todo lo que se sabe sobre la máquina de Anticitera, Spielberg la toma en la última entrega de la saga Indiana Jones como objeto de interés en la obra. El director lo presenta como un artefacto capaz de manipular el tiempo a su gusto, poniendo como fabricante de esta al famoso inventor Arquímedes y regalando una trama apasionante en la que debe evitar que este artilugio sea descubierto por los grupos nazis para evitar el posible triunfo del Tercer Reich. 

No es esta la primera vez que la saga del famoso aventurero convierte un hallazgo arqueológico con cierto misterio en un aparato mágico, conspiranoico y legendario. Ya lo hizo en El Reino de la calavera de cristal, tomando como referencia el cráneo alargado de las civilizaciones prehispánicas de los chongos y paracas para dar a conocer que los creadores de ciudades míticas como el Paititi o El Dorado, fueron seres superiores o extraterrestres

La misma fórmula la utilizó en Indiana Jones y la última cruzada, donde busca y encuentra el Santo Grial y juega con la leyenda de los Templarios y el cáliz que otorga vida eterna al que bebe de él. En busca del arca perdida es otro ejemplo de esto, siendo una película en la que le vuelve a dar un toque mágico a lo religioso, representando el Arca de la Alianza como una urna que contenía toda la ira de Dios.

Al fin y al cabo Spielberg no es, ni será, el único que utilice estos recursos ficticios para darle entretenimiento a sus películas, porque realmente lo que hace es cine de ficción y no un cine dedicado a la historia. Los mitos y las conspiraciones van a seguir existiendo, y mientras el cine y la televisión los alimenten, van a continuar apareciendo personas que se evadan de los hechos reales y se tomen estos guiones al pie de la letra. El problema es que esto altera la realidad y la convierte en un cruce de hipótesis y teorías que solo alimentan el ingenio de los directores y guionistas de proyectos similares a los del realizador americano.

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