Los jóvenes que se ‘pegaron’ al Prado prometen más acciones

Los integrantes de 'Futuro Vegetal' señalan a la industria cárnica como uno de sus próximos objetivos
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Sam y Alba se pegan a los cuadros de 'Las Majas' del Museo del Prado. Imagen: Futuro Vegetal

Sam y Alba sabían que podían ser detenidos pero nunca esperaron un arresto tan largo. 48 horas en las que estuvieron separados en un calabozo mientras anhelaban recuperar su libertad. Ambos fueron los encargados de trasladar a España la marea de cabreo con el cambio climático que ha protagonizado sonadas protestas en museos de toda Europa.

En el vídeo, difundido por Futuro Vegetal, se puede apreciar la rapidez con la que pintan el símbolo “+1,5ºC”, la subida prevista en la temperatura mundial, poco antes de pegarse a los cuadros. “La idea sale a raíz de lo visto en Europa”, explica Sam, de 18 años, el primero que adhirió sus manos contra una de las obras del museo. “Queríamos concienciar y señalar a los responsables”, reafirma Alba.

Las Majas de Goya fueron las elegidas. Son dos cuadros y, además, tienen un espacio entre ambos para poder poner un mensaje. “El arte ya solo aparece por las acciones pero se tendría que valorar más”, asegura Alba sobre los motivos que le llevaron a decidirse por el Prado. “Hemos cortado calles y ha pasado indiferente”, recalca.

Su protesta transcurrió un día antes del inicio de la ‘Cumbre del Clima’, que aún se celebra en Egipto. “Se están haciendo protestas contra los aeropuertos de jets privados pero de eso no se habla”, afirma Sam. “Cada vez hay más lobbies, es como si en una convención para alertar sobre el tabaco invitas al CEO de Marlboro”, añade. “No espero nada”, afirma escuetamente Alba.

Sobre su tiempo en prisión, Sam y Alba lo recuerdan amargamente. “Me sorprendió mucho porque nunca pensé que dos periodistas (Joanna e Isabel) iban a ser arrestadas por hacer su trabajo”, explica Alba, que expone la queja del Consejo de Europa por la decisión. “No se pueden violar derechos como la libertad de expresión”, reafirma Sam.

Pasaron en prisión 48 horas “inolvidables”, como las define Alba. “No es lo mismo estar con gente que conoces que solo”, recuerda Sam. “Nos pareció excesivo el tiempo que estuvimos, quieren evitar que siga el activismo”, denuncia Alba. Su familia lo vivió con preocupación. “Cuando te dicen que tu hijo está en el calabozo, tus padres se preocupan”, reconoce el joven de 18 años.

“Yo me hice vegetariano a los 12 años, ahí empecé a ser consciente”, asegura Sam, que entró en el activismo motivado por las protestas de Extinction Rebellion, donde se apostaba por la desobediencia civil para motivar un cambio. A Alba le frenó la pandemia aunque llevaba bastante tiempo deseando tomar partido. “La acción directa no violenta es necesaria, por más que dialogues solo puedes hacer llegar el mensaje con desobediencia civil”, recalca Alba.

No van a parar sus acciones. “Queremos provocar pérdidas en la industria cárnica, a los cuatro grandes grupos medioambientales”, reconoce Sam, que recuerda que el Gobierno les dio la espalda explicando que hablaban de una gran parte del Producto Interior Bruto. “Vamos a seguir con medidas”, concluye Alba.