Angustia ante la búsqueda de alojamiento universitario

Las ganas por comenzar la vida universitaria son casi palpables en el ambiente entrado septiembre, aunque en ocasiones eclipsan la realidad de uno de los mayores problemas de los propios estudiantes, y Sevilla no se salva: el agotamiento generado por buscar alojamiento existe incluso empezado el curso
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Parece un asunto sencillo y la mayoría piensa que la solución es un piso, pero la realidad es que económicamente no todas las familias pueden permitírselo. Es entonces cuando la idea de una residencia de estudiantes aparece. Pero poco tardan en aparecer los inconvenientes, ya que los precios de las residencias estudiantiles acostumbran a caracterizarse por ser cuotas desorbitadas. Cada opción tiene tanto sus ventajas como desventajas, pero alguna opción debe ser la elegida.

Una residencia parece la opción más completa y cómoda, aunque lo cierto es que en la mayoría de éstas tiene que cocinar el propio estudiante o por el contrario pagar un suplemento por las comidas, que al final sumado al precio de la habitación provoca dolor de cabeza. A ello hay que añadir que la lavandería no siempre se encuentra incluida, desembolsando entorno a cinco euros por cada lavado.

Sin quererlo ni desearlo llega el día de antes de comenzar las clases y no solo tienes las manos a la cabeza sino que sobre la mesa hay esparcidas diversas opciones de entre 700/1500 euros al mes, a lo que hay que agregarle la fianza. Siendo esta un resultado de unos sencillos 600 euros. Una de estas residencias debe ser la elegida, y ya no importa si te gusta, has podido informarte o te es indiferente, e incluso los padres hacen esfuerzos económicos – y emocionales y físicos, por ende– solo para que se pueda llevar a cabo aquello que se ha venido a hacer: estudiar.

En definitiva, un calvario emocional culpable indudable de la discordia creada, que pone en duda tus preferencias y en grito los nervios económicos de la familia.

Un piso puede llegar a ser la opción más rentable, ya que hay multiplicidad de páginas que ofertan pisos especialmente para estudiantes por 250/300 euros al, compartido con mínimo dos o tres personas ….pero ¡ojo con las ubicaciones! Que de repente estás sin querer en una zona que hasta a plena luz del día es peligroso. Sin embargo, ya no es solo añadir la comida, sino que la convivencia con gente desconocida puede resultar incómoda. No obstante, puede llegar a ser una experiencia de lo más gratificante, tanto a nivel social puesto que debes adaptarte a tus compañeros y entablar conversaciones, como a nivel personal desarrollando competencias como la tolerancia, la independencia y un orden básico con tu propia persona y con la persona que eres conviviendo.

Debido a la inminente preocupación universitaria y gracias a la rápida difusión en redes sociales de cualquier contenido, existen páginas en plataformas como Instagram que son de ayuda a la hora de la búsqueda pertinente de casa. Por ejemplo, usev_pisos en Instagram. Este es un perfil que publica tanto a aquellas personas que necesitan alojamiento, como a quienes tienen piso y requieren de compañeros.

La clave del asunto es tener presente que un curso escolar no solo se trata de estudiar, y que el sentirse a gusto en el sitio que se vive, come y duerme es indispensable. Hay que hacer que ese espacio sea uno propio donde puedas llorar, reír, estudiar, cantar…sea un piso, cuatro paredes, o una habitación compartida, debes hacer de ello tu hogar.