La Virgen de San Roque reparte Gracia y Esperanza a los enfermos de su barrio

La dolorosa del Domingo de Ramos ha recorrido las calles de la feligresía para celebrar el XXV aniversario de su coronación canónica
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La Virgen de Gracia y Esperanza minutos después de salir de la parroquia de San Roque. Foto: José Godino

Sevilla ha vivido un 12 de Octubre como si de un Domingo de Ramos se tratase. La Virgen de Gracia y Esperanza procesionó ayer por las calles de la feligresía para celebrar el XXV aniversario de su coronación canónica.

La jornada comenzó a las doce de la mañana con una solemne misa estacional presidida por el Arzobispo emérito D. Juan José Asenjo Pelegrina. En la eucaristía, se bendijo la corona que ha sido restaurada y enriquecida por Orfebrería Ramos.

El reloj marcaba las seis de la tarde cuando la cruz de guía de la Hermandad de San Roque se ponía en el dintel del templo. La Banda de Cornetas y Tambores ‘Esencia’ que le interpretó a la dolorosa de San Roque la marcha ‘Donde Reina la Gracia y la Esperanza’, abría el cortejo.

Veinticinco minutos después en la Plaza de Carmen Benítez solo se oía las órdenes de los hermanos Villanueva. La complicada salida de la dolorosa terminó en aplausos a los sones del Himno Nacional, interpretado magistralmente por la Banda de la Cruz Roja. La primera parada tras la salida fue la Capilla de los Ángeles, sede de la Hermandad de los Negritos que la esperaba con su estandarte corporativo.

Tras el saludo a la corporación del Jueves Santo, la Virgen de Gracia y Esperanza comenzó a adentrarse en su feligresía. La hermandad quería que la procesión transcurriera por calles por las que la cofradía no pasa el Domingo de Ramos, y acercar a la Virgen a todos los vecinos y enfermos del barrio. Fue habitual a lo largo de todo el recorrido ver delante del paso a personas mayores, enfermos o con problemas de movilidad.

Uno de los momentos más emotivos de la tarde fue el saludo de la dolorosa a las Hermanas Trinitarias, donde se despidieron las representaciones de las hermandades que acompañaron a la corporación de San Roque. Allí, las monjas le esperaban para cantarle la Salve a la Virgen de Gracia y Esperanza.

Una vez caída la noche, la Virgen se adentraba en las calles colindantes a la Parroquia. La juventud de la hermandad ha engalanado estas últimas calles del recorrido con colgaduras y guirnaldas. Además, en la casa hermandad, el grupo joven tambien preparó una petalá para la dolorosa.

A las once de la noche, el palio de Gracia y Esperanza regresaba de nuevo a la Parroquia de San Roque. A los sones de ‘Gracia y Esperanza nuestra’ terminaba un día histórico donde los hermanos de San Roque llevaron a su Virgen a los enfermos de su barrio.