‘A diente de perro’, cuando el talento no entiende de presupuestos

Una de las sorpresas más grandes del Festival de Sevilla fue la película dirigida por José Luis Estañ
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Fotograma de 'A diente de perro'. Fuente: Festival de Sevilla

“Sólo hay que hacerlo”, era el mantra que repetía Iván Émery, director de fotografía y guionista de A diente de perro,  al responder acerca del camino que les había llevado al desarrollo de la película. En el encuentro organizado por el Festival de Sevilla en la Escuela de Cine y Artes Escénicas de Sevilla, al que asistieron el propio Émery, José Luis Estañ, director de la cinta, y Miguel Ángel Puro, protagonista y también guionista, los creadores de la película instaban a los allí presentes a “no esperar a ver el dinero del que dispongo para hacer las cosas, sino simplemente hacerlas”. Con esa premisa han conseguido realizar una película vertiginosa, que ha llamado la atención de todo un referente en el cine español como Rodrigo Sorogoyen, hasta tal punto que su productora, Caballo Films, acabó produciendo el proyecto.

La historia nos sumerge en la frenética y cruda vida de Darío Manzano, un treinteañero que, cuando sus amigos deciden robar a los capos para los que trabajan, se ve envuelto sin desearlo en un turbio conflicto que amenaza su futuro y el de su familia. Miguel Ángel Puro, actor que encarna a Darío, recuerda que la manera en la que prepararon el personaje fue “muy inmersiva desde el principio”, sobre todo teniendo en cuenta que debía recrear fielmente un mal que sufre el protagonista en la película y que resulta de especial relevancia dentro de la historia.

José Luis Estañ, Iván Émery y Miguel Ángel Puro.

Al mismo tiempo, José Luis Estañ confesaba trataron en todo momento de que el rodaje fuera “un espacio de libre creación”, en el que cada uno de los que trabajaban en el proyecto, independientemente de la labor que estuviesen realizando, tuviesen la oportunidad de aportar algo desde el punto de vista narrativo, todo ello destinado al beneficio de la película. A diente de perro  llama a su vez poderosamente la atención por la naturalidad de sus diálogos, señalando el director que en este aspecto existía “mucha improvisación por parte de los actores”, ya que les otorgaban mucha libertad interpretativa, todo ello enmarcado en la horquilla que establecía el guion. Es en último elemento donde reconocen haber disentido más uno de los otros, debido a que los tres eran los guionistas de la película, y fue precisamente, como reconocía Miguel Ángel Puro, en el ámbito narrativo “donde más nos hemos peleado”.

Rodar una película como A diente de perro conlleva tomar una serie de decisiones drásticas, sobre todo a nivel de montaje, ya que por mucho que una escena sea muy llamativa o esté sublimemente rodada, hay ciertas ocasiones en las que acaban por no encajar en la historia. A esta tesitura, recurrente en los cineastas, también tuvieron que hacer frente durante el rodaje, cuestión que como decía Iván Émery, como director de fotografía le dolía aún más debido a que “tuvimos que cortar escenas que habían quedado magníficamente rodadas”. De unas dos horas de película, en las que incluso existía un final alternativo que obviamente no quisieron desvelar, la cinta quedó reducida a 75 minutos de metraje, con los que, como afirmaba el director Estañ “encontramos el oro”. A diente de perro es una película que difícilmente pasará inadvertida; encuentra en la naturalidad y un leguaje audiovisual frenético, prueba de ello es su magnífico comienzo, las bazas de una ópera prima que seguro le deparará grandes oportunidades a estos tres cineastas.