Opinión: Moral, sin religión ni canción

La cruz en mi dedo habla más que su escándalo
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Imagen capturada del vídeo musical "Ateo" de C. Tangana y Nathy Peluso

Cuánta falta nos hace mirarnos, cada vez más, en el espejo, pero en uno grande. En ese espejo que refleja el cuerpo, el rostro y, lo más importante, esa mirada que nos recuerda las barrabasadas cometidas, las que han hecho de nuestro ser un oportuno centro de análisis para conectar nuestro cerebro con la boca. Y bien, es momento de conectar con la moral, pero si usted es sensible y un perfecto ser de este planeta le recomiendo que agarre una silla y se siente para leer estas líneas, porque seguramente rabiará, se ofenderá y pretenderá poner en tela de duda el periodismo por no diferenciar entre noticia y opinión debido a su olvido de conectar su cerebro.

En esta sociedad se zambullen los falsos moralistas; el caballero perfecto y la dama perfecta que ponen un grito en el cielo cuando topan a sus fantasías, e incluso se auto inyectan de una potestad para defender a una inepta élite. Pero griten todo lo que quieran, ya ustedes verán si a causa de eso se quedan sin voz, pero lo que sí está claro es que con sus gritos no se espanta a la historia y, sobre todo, a la verdad.

Se escandalizan por un vídeo musical, muy bien; no están de acuerdo con lo que hicieron en su iglesia, muy bien; creen que la hipersexualidad es demasiada explicita en su altar, muy bien; les parece fuera de lugar la participación de sacerdotes y monjas en la grabación, muy bien. Créanme que bien. Ustedes están en todo su derecho de creer hasta en ovejas con alitas, pero ¿también, se escandalizaron, gritaron al cielo e hicieron vigilia por los casos de pederastia, por la humillación hacia las mujeres y por la falta de implicación de su élite, la iglesia, en las problemáticas de la humanidad? Y si se dirigen a ese espejo que mencione en la introducción del texto y se responden esa pregunta con honestidad y lógica. Sin embargo, les echaré una mano y plasmaré aquí mi respuesta para ustedes: No tienen moral.

Empieza a cobrar sentido la frase “cada loco con su tema”. Aquí estoy yo. No me identifico con una religión, pero si tengo tatuado una cruz en un dedo de la mano y uso todos los días un colgante que me regalaron mis padres con una cruz y una medalla. Y que creen. No está en mi boca y en mis acciones el falso moralismo, simplemente actúo apegada a mis valores. Mientras que, ustedes siguen gritando con locura y creyendo en la llegada del fin del mundo por la cantidad de pecados que cometemos los mortales, aun en su sitio sagrado se esconden llantos y gritos de auxilio de aquellos que les habría encantado envolverse en ritmos, canciones, melodías y con el tiempo decidir si se convierten en ateos o no.

Bendito, Dios, que locos somos. No pretendo dar una lección, solo gritar la furia que provocan los perfectos. Ustedes tienen los adjetivos idóneos para calificar cada situación. Sigan rabiando con estas líneas, no me han pagado por hacer promoción un tema, pero era necesario aclararles el agua con un tratamiento de choque de historia, verdad y consciencia. Ah, le recuerdo, caballero y dama perfecta que es opinión.