Toledo y la pervivencia de la sociedad judía

Una sola ciudad y la convivencia de tres culturas. Calles adoquinadas que desde la época medieval han acogido a musulmanes, cristianos y judíos en el mismo territorio
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Entrada Judería Toledo I Carmen López López

Toledo, también conocida mundialmente como “la ciudad de las tres culturas”, es una urbe española situada en la margen derecha del río Tajo. Desde el año 1986, es considerada Patrimonio de la Humanidad, debido a la envidiable lista de lugares de interés tanto histórico como artístico.

Desde la época medieval, sus calles adoquinadas adoptaron tanto a musulmanes, como a cristianos y judíos, siendo posible la pervivencia de sus respectivas culturas. La sociedad judía de la Península convivió en el mismo marco geográfico que las dos anteriormente nombradas. Así, los judíos buscaron su propio aislamiento para conservar su identidad, logrando levantar una zona característica por sus estrechas calles, muros y pasajes que servían para comunicar los diversos barrios de la judería con el resto de la ciudad.

Comunidad judía e influencia de Samuel Leví

Actualmente, existe una España judía muy olvidada frente a otra cristiana y a la famosa mal dicha reconquista. Ya en el siglo IV, la ciudad de Toledo presentaba la adopción de la sociedad sefardí, convirtiéndose en una de las más tempranas. Así, ya en el siglo XII, la comunidad toledana judía se transformó en la más relevante y rica de Castilla. Los límites de la judería aparecían marcados por más de 500 azulejos colocados en el suelo, todavía perfectamente conservados.

Previamente, durante la época visigoda, la mayor parte de la población era católica, frente a un cuerpo extraño: la civilización judía. En aquellos tiempos, la religión no era un gusto, era una identidad; núcleo fundamental de existencia. La gente mataba y moría por su religión. Dentro de ese contexto, existía una población minoritaria, no adaptada a las costumbres y tradiciones del momento. Tiempo después, aparece un periodo de tranquilidad entre dicha población tan semítica, llegando a convertirse en una especie de pegamento entre los cristianos y musulmanes.

La comunidad judía siempre fue minoría, gente expatriada desde hace siglos. A pesar de ser una civilización acostumbrada a la diáspora y a moverse por todo el mundo, no invertían en tierras y se dedicaban a profesiones muy especializadas que requerían una alta cultura y formación. En la Edad Media, los contables eran los judíos, ya que los cristianos no podían prestar dinero por el pecado capital de la usura. Asimismo, los judíos se convirtieron en los grandes prestamistas de toda Edad Media occidental. Factor decisivo para la paz temporal con los cristianos.

Dentro de esta comunidad, es imprescindible destacar la figura de Samuel Ha-Leví, nacido en el año 1320, aproximadamente. Su padre era de origen tunecino, y finalmente terminaron en Toledo, al ser la ciudad con mayor número de judíos y donde mejor eran tratados. Así, su familia consigue hacer dinero, por lo que Leví logra convertirse en uno de los judíos más importantes del territorio. No obstante, también alcanza aliarse con el monarca del momento: Pedo I, quien le ayuda a financiarse y a generar un poder considerable.

Con el paso del tiempo, Leví pasa a ser el hombre de confianza de Pedro I: el tesorero mayor del reino. Incluso, llegó a guardar el tesoro del reino de Castilla en su propia casa. Sus funciones estaban encaminadas a los problemas financieros y económicos. Por el contrario, la situación tan complicada por la que atravesó el monarca afecto a Leví. Una multitud de difamaciones le condujeron a su encarcelamiento, el tesorero político fue acusado de malversación, trasladado a Sevilla, ciudad donde perdió la vida en 1361.

Actualmente, su gran palacio, conocido precisamente con el nombre de “Palacio del Judío”, sustituido por la sede de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad: el Museo del Greco, único en España dedicado a la figura del pintor. De hecho, en la parte subterránea del edificio se mantienen las bodegas del tesorero. Siglos después, la influencia del judío sigue perviviendo en la ciudad toledana, demostrable gracias a la presencia de su propia estatua que rinde homenaje a este gran personaje, situada el Paseo del Tránsito.

Estatua Samuel Leví, Paseo del Tránsito I Carmen López López

Una figura que sirve para reflejar bastante bien el perfil judío de Samuel Leví, gracias a la nariz grande y a su barba de rabino. Los soportes adoptan forma de pergamino de papiro, empleados para leer la Torá – texto que contiene la ley y el patrimonio propio del pueblo judío –.

“La historia de la población judía toledana es muy larga y compleja, surcada por una infinidad de personajes. Samuel Leví representa el esplendor final de la cultura judía y la relación de los judíos sefardís con la ciudad de Toledo. Último gran momento en el que se genera una simbiosis verdadera entre el poder y las diferentes tradiciones. Punto final de esplendor que pudo tener la cultura judía en Toledo y en España”.

Así, habla Jaime Ruano Benito, historiador toledano, sobre la figura de Samuel Leví.

Jaime Ruano Benito, historiador toledano I Carmen López López

 

Judería de Toledo

Durante la Edad Media, en el corazón de Castilla: Toledo. Los hombres más intelectuales y con mayor capacidad económica levantaron un barrio destinado a celebrar sus diferentes rituales en sus esplendorosos edificios religiosos, algunos privados frente a otros de carácter público. Es la judería de Toledo, conviviente durante siglos con musulmanes y cristianos, alcanzando su mayor extensión con la llegada de Alfonso X.

La Judería de Toledo continuó creciendo bajo los Reyes Católicos. La comunidad sefardí tenía lujo porque tenía dinero, pero vivían oprimidos bajo en mandato de una Iglesia conservadora. Era cuestión de tiempo que esta convivencia terminase en problemas.

La situación de los judíos comenzó a empeorar en el siglo XIV. Dicha judería se abandonó a raíz del violento pogrom de 1391, para hacerlo ya masivamente en 1492, tras el edicto de expulsión. Durante la segunda mitad del siglo XIX, sufrirá intensas transformaciones.

 

Sinagoga del Tránsito y Museo Sefardí

La sinagoga del Tránsito fue mandada construir entre 1355 y 1357, por Samuel Leví, tesorero del rey castellano Pedro I, reflejando así el apoyo de la comunidad judía toledana hacia este rey, en las luchas dinásticas que mantuvo con los Trastámara. Tras la expulsión en 1492, la sinagoga fue convertida en templo cristiano, acogiendo un hospicio y la sede de la encomienda de la Obra de Calatrava. En sus instalaciones fue creado el Museo Sefardí en 1964, abriendo sus puertas en 1972. Este conjunto es la más bella representación del arte mudéjar toledano.

“Samuel Leví representa la judería de Toledo en su conjunto, y esta judería representa la comunidad judía en España”, palabras del historiador toledano Jaime Ruano Benito.

En aquellos años, estaba prohibido que los judíos construyeran templos públicos. Sin embargo, los privilegios reales permitían la existencia de sinagogas privadas. Por ello, la sinagoga del Tránsito fue levantada como dependencia del palacio de Samuel Leví. Pedro I protegió a su tesorero, ratificando el apoyo mediante la incorporación de su escudo real. No obstante, funcionó como sinagoga principal para toda la comunidad judía de Toledo.

La sinagoga cuenta con una planta rectangular, de una sola nave, destinada a la oración. En su parte superior derecha se encuentra la galería de las mujeres, y a su lado izquierdo existen distintas dependencias empleadas por el museo, utilizadas en su día como escuela rabínica. En el muro del fondo destacan tres bellos arcos poliobulados, rodeados con yeserías policromadas caladas, acompañadas de decoración vegetal, figuras geométricas e inscripciones hebraicas alusivas a su carácter religioso. Finalmente, es imposible no destacar su techo mudéjar, primer artesonado de técnica almohade construido en la ciudad.

Sinagoga del Tránsito, Toledo I Carmen López López

 

Sinagoga Santa María la Blanca

Sinagoga original y más antigua de Toledo, mandada construir en 1180 por Abraham Ibn Alfachar, consejero y embajador de Alfonso VII durante la corte almohade. La finalidad original de su levantamiento era presentar un centro de culto hebreo en la ciudad, satisfaciendo una necesidad vital para la comunidad judía. Así, fue denominada como “Sinagoga Mayor”.

Sin embargo, su función se transformó en 1391, cuando surgen una serie de revueltas contra el pueblo judío. Primeramente, los ataques se levantaron en Andalucía, pero poco tiempo después, fueron extendidos a territorios de Castilla. La Sinagoga Santa María la Blanca sufre una expropiación, siendo cedida a la Orden de Calatrava, consagrada al culto cristiano.

 

A día de hoy, en Toledo perviven bastantes influencias mutuas, provenientes de la convivencia de tres culturas. Desde el punto de vista judío, aquello que actualmente es más visible y famoso son las dos grandes sinagogas. Por el contrario, existen otras bajo tierra, pero estas no son visitables.

Empero, el legado judío va mucho más allá, su riqueza económica es visible en las sinagogas, pero también en las casas toledanas. Al margen de esta riqueza, también hay que destacar su aporte cultural, visible gracias a la Escuela de Traductores, donde muchos manuscritos fueron traducidos del hebreo al castellano.

La influencia judía es enormemente visible en las tierras toledanas, donde se rescataron diversos nombres de personas y hasta dulces tradicionales. A pesar de que la herencia de esta comunidad fue apagada en gran medida por la España de los Reyes Católicos, no quiere decir que no perviva. Su riqueza llega hasta hoy, aportando un patrimonio que no tiene precio, invaluable.