Opinión: Illa, ese candidato

El ministro de Sanidad es la apuesta de Sánchez para alcanzar la presidencia de la Generalitat
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Salvador Illa. Fotografía | Oscar J. Barroso (Europa Press)

Las Elecciones al Parlamento de Cataluña, pospuestas momentáneamente para el 30 de mayo, han tenido como mayor sorpresa, y eso que la campaña como tal no ha arrancado, el hecho de que Salvador Illa vaya a comandar las listas del PSC, formación que no era partidaria de retrasar los comicios a pesar del repunte de contagios, en pos de lograr la presidencia de la Generalitat.

El hasta ahora titular de Sanidad es la decidida apuesta de Pedro Sánchez para recuperar para el socialismo el Palacio de la Plaza de San Jaime, el cual no ostenta desde los tiempos de aquel curioso cordobés que se hacía llamar José Montilla. Sí, a ese al que le escribían las chuletas de los debates que luego no entendía ni él. Sin embargo, ¿por qué ha sido Illa la elección del inquilino de la Moncloa? Busquemos en sus méritos académicos y laborales.

Según informa la web del Gobierno, Salvador Illa es licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona y cuenta con un Máster en Economía y Dirección de Empresas en el IESE de la Universidad de Navarra. Lleva afiliado al PSC desde el año 95, cuando entró de alcalde del municipio La Roca del Vallés.

Ha sido director general de Gestión de Infraestructuras del Departamento de Justicia de la Generalitat de Cataluña, gerente de Empresa, Cultura e Innovación del Ayuntamiento de Barcelona y otro par de cargos de extensa nomenclatura pero dudosa utilidad. Todo ello, hasta llegar al Ministerio de Sanidad. Vamos, lo que viene a ser alguien que, como su maestro Miquel Iceta, lleva viviendo toda la vida de la política.

Pues con ese prestigioso bagaje, resulta que es el que, a juicio del presidente del Gobierno, reúne mejores cualidades para ganar unas Elecciones Autonómicas que, si bien no traen la carga plebiscitaria en torno a la independencia que había en 2017, vuelven a ser definitorias de la aceptación que la deriva soberanista sigue atrayendo en Cataluña.

Illa, junto a su ínclito Fernando Simón, es el mismo que negaba la utilidad de las mascarillas durante el advenimiento de la pandemia, al que le engañaron como a un chino con los test defectuosos que importó del país asiático, el del comité de expertos, el que advertía que en verano sólo habría “algunos” focos de contagios locales…

Pues ese mismo Illa es, según el PSC, “la vacuna” contra el independentismo. Sí, ese que probablemente sea el peor ministro de Sanidad que hemos tenido en este país, en dura competencia, eso sí, con la inefable Ana Mato, la que no veía el Jaguar de su marido de su casa porque se lo tapaba el todoterreno que ella misma se había comprado o que se dejaba casi 8.000 euros en confetis y globos para el cumpleaños de su hijo (todo pagado con el dinero de la Gürtel).

El PSC siempre ha actuado, desde que se fundara como tal en la Transición, como el mayor aprovechado del PSOE. Lo cual se sintetiza en una máxima tan simple como contundente: el PSC tiene mando en el PSOE pero el PSOE no tiene mando en el PSC. “El PSC siempre está en una posición ridícula”, lo definía Alfonso Guerra.

Ustedes me replicarán: “¡Pero si a Illa lo ha puesto Sánchez de candidato!”. Si de aquí a un par de meses, como seguramente vaya a suceder, Iceta, el hasta ahora líder de los socialistas catalanes, llega a ministro, ya tienen la solución a su duda. Porque eso es el PSC.

Considerar que la trayectoria de Illa al frente de Sanidad y su gestión de la pandemia en España puede funcionar como imán para conseguir la victoria en las urnas solo puede obedecer a dos posibilidades: o bien que el que le diseña las estrategias al líder del Ejecutivo, Iván Redondo —al presidente no le alcanza para tanto—, más que un spin doctor es un spin impostor, o bien que tienen en muy mala valoración intelectual a la sociedad catalana. Y ojo, que quizá no esté desencaminado en la segunda de las opciones.