Cómo planificar el tiempo en esta nueva normalidad

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La prioridad y la postergación son los elementos más importantes para un rendimiento adecuado.

Cada hora es la misma para el reloj, pero a su vez, su duración es diferente para nosotros. Algunas pueden ser eternas y otras más cortas. Uno de los factores más importante para que el tiempo “pase volando” es el mantenernos ocupados y concentrados. Con esta nueva normalidad saber cómo gestionar el tiempo se ha convertido en una tarea imprescindible para aumentar la productividad en el teletrabajo o en las clases on line.

Así que, ¿cómo podemos mejorar la gestión del tiempo? El primer punto a tener claro es la postergación. Cuando experimentamos la sensación de que nos faltan horas en el día para cumplir todos los objetivos hay que tener presente que el tiempo es el que es, y que sólo podemos decidir mejor cómo lo invertimos.

Tal y como señala en su estudio Fernando Díez Ruiz, Profesor de la Facultad de Psicología en la Universidad de Deusto, el ser humano tiende a anteponer ciertas actividades y dejar otras para después, algo que fácilmente se convierte en nunca, señala.

Para combatir la postergación, los expertos recomiendan minimizar la dificultad de la tarea dividiéndola en partes que la hagan más amena, como por ejemplo dedicando 15 minutos a cada una. Además, establecer un planning del día que permita visualizar las actividades que están por hacer y aquellas ya realizadas. Esto último incrementa la motivación en el trabajo. Es importante recordar que lo que acaba contando no es lo mucho que se ha trabajado sino lo que se ha terminado, explica Díez. Nuestro organismo tiene limitaciones, es importante conocerlas y respetarlas, puesto que no podemos trabajar más allá de un determinado tiempo, añade.

La prioridad es el segundo elemento más importante a la hora de organizar los quehaceres. Cuando tenemos que atender varias tareas tendemos a resolver primero las más fáciles y cómodas. El profesor Díez Ruiz expone que hay que dar prioridad a lo más importante y a aquello con mayor dificultad, ya que si nos dedicamos a las tareas menos urgentes y con las que disfrutamos más nos faltará tiempo para lo importante, y se producirá una sensación de fracaso en los objetivos del día.