Toda una vida endulzando la Navidad

Micaela Ruiz Téllez (La Colchona) mejoró la fórmula del ‘mantecate’, lo que dió lugar al actual mantecado
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Fotografía de Micaela Ruíz Téllez. / Carmen Alfaro Leiva

Hace más de un siglo de la creación y comercialización, en Estepa, del dulce más típico navideño: el mantecado. Por aquel entonces, en este pueblo de la Sierra Sur de Sevilla había más de 100 fábricas de mantecados y polvorones, de las que en la actualidad, solo quedan 22. El resto de fábricas desaparecieron por diversos motivos y un ejemplo de ello es La Ostipense.

María del Carmen Páez Arenas, más conocida como Mari Páez, fue una de las trabajadoras de La Ostipense, llamada anteriormente Navidad, que tuvo aproximadamente unos 40 años de duración. La fábrica Navidad la crearon su padre, Antonio Páez, y su amigo Antonio Rodríguez, pero después de casi 50 años trabajando juntos se separaron. De esta manera, Antonio Rodríguez se quedó con Navidad y Antonio Páez, el padre de María del Carmen, creó La Ostipense.

“Yo ya empecé a trabajar en Navidad con tan solo 10 años y después seguí trabajando de más mayor en La Ostipense, con una maquinaria más moderna y mucho más personal en la fábrica”, ha comentado Mari Páez. A esto ha añadido que la fábrica se encontraba en la avenida principal del pueblo y que “trabajaba mucha gente, y no solo de Estepa, también de pueblos de alrededor como El Rubio, Gilena o La Roda”. Además, ha señalado que “como ya había otras industrias, la receta de los mantecados y polvorones la sacamos de otras fábricas de Estepa”.

Mari Páez viendo una foto de ella junto a sus compañeras de la fábrica. / Carmen Alfaro Leiva

Mari Páez trabajaba en La Ostipense junto a sus padres, sus hermanos y demás trabajadores. Su labor en la fábrica era estar en el envase y hacer los paquetes, que después repartían los transportes Páez León, “mi rutina diaria era levantarme y desde muy temprano, irme a trabajar a la fábrica y ya estaba allí todo el día. Eran muchas horas de trabajo y a mi nadie me pagaba, pero tenía que ayudar a mis padres como lo hacían todos mis hermanos”.

Según ha comentado Mari Páez, en la fábrica se “hacían mantecados de todo tipo, duquesitas de almendra, polvorones, alfajores muy buenos, roscos de vino, mazapán y poco más, ya que en ese tiempo no se hacían tantos productos como ahora”. A esto ha añadido que “además del producto también se hacían las cajas, hechas por uno de mis hermanos, y las cajas de cinco kilos, que se llamaban familiares”.

Trabajadoras de La Ostipense. / Nono Leiva

El final de esta fábrica llegó después de casi 40 años trabajando en la elaboración de mantecados y polvorones. Con respecto a esto, Mari Páez ha contado que “cuando murió mi padre uno de mis hermanos se quedó con la fábrica, pero a los dos años la tuvo que cerrar”.

Al igual que muchas fábricas desaparecieron, otras siguen existiendo y elaborando estos productos típicos navideños. Es el caso de La Colchona, que después de cinco generaciones, sigue manteniendo la esencia y la tradición en la fabricación de forma artesanal de los mantecados y polvorones.

Carmen Fernández Ruíz, hija de La Colchona, junto a los trabajadores de la fábrica. / Carmen Alfaro Leiva

Doña Micaela Ruíz Téllez, apodada cariñosamente como La Colchona, que se dedicaba a realizar matanzas de cerdo en las casas señoriales de Estepa durante los meses invernales, fue la encargada de mejorar la fórmula de los conocidos como mantecate, resecando la harina dándole calor y con ello, quitándole humedad. Con estas modificaciones, Doña Micaela consiguió lo que hoy en día conocemos como mantecado

Victoria y Antonio Alfaro son, junto a sus hermanos José María y Carmen, bisnietos de La Colchona y por lo tanto, la cuarta generación. Ambos nacieron rodeados de este tradicional dulce navideño y con el olor a canela por toda la casa.

Según ha comentado Victoria, que lleva toda su vida trabajando en la fábrica, ‘’ahora mismo aquí trabajan entre 12 o 13 personas. Antes había más personas trabajando porque no había máquinas y se necesitaba más personal’’.

Trabajadoras de La Colchona haciendo alfajores. / Carmen Alfaro Leiva

Antonio Alfaro, al igual que Victoria, también ha estado desde muy pequeño trabajando en la fábrica, aunque tuvo que dejarlo porque tenía que atender su otro negocio, una tienda de tejidos, confección y paquetería. ‘’Con 10 años ya empecé a montar cajones cuando venía de la escuela’’, ha señalado el antiguo trabajador de La Colchona, Antonio Alfaro. A esto, ha añadido que ‘’en ese entonces los mantecados se despachaban en cajones de madera y yo, junto a mi padre armábamos el cajón y nos tirábamos así todo el verano’’. Según ha dicho Antonio, ‘’al principio la caja era más básica y más sencilla. Luego ya llegaron los familiares, que eran mucho más bonitas, más de lujo y para regalo’’. 

‘’Mi abuelo José me enseñó a cocer mantecados y ya con 16 o 17 años, me quedaba cociendo el producto mientras trabajaba en la tienda, ya después solo me centré en la tienda’’, ha comentado Antonio Alfaro. De esta manera, Antonio ha recordado como, por la mañana temprano, su hermana Victoria y él encendían los hornos de pala para comenzar con la rutina de la elaboración de los mantecados y polvorones del día.

Horno de leña de La Colchona. / Carmen Alfaro Leiva

Por aquel entonces, al no haber maquinaria, la masa se hacía a mano y las mujeres trabajaban con lebrillos grandes. ‘’Se echaba la manteca y el azúcar y se batía con las manos. Luego se añadían el resto de ingredientes, como la harina, la almendra,…’’, ha señalado el bisnieto de La Colchona.

Según ha comentado Antonio, ‘’igual que ahora hay una página online, antes había un representante en cada pueblo o ciudad, que eran los encargados de apuntar los pedidos del lugar para dárselo a las fábricas’’.

Antonio recuerda con gran añoranza y cariño todos los momentos vividos con su abuelo José, hijo de La Colchona y el que principalmente le enseñó a trabajar en la fábrica, ‘’yo me acercaba mucho a mi abuelo, me gustaba mucho estar con él y aprender de él. Mi abuelo y yo éramos muy parecidos de carácter’’. ‘’Cuando yo era pequeño recuerdo que, cuando venía del colegio, mi abuelo me tenía guardados caramelos, que se hacían con el sobrante de la azúcar quemada que quedaba en el horno de la fábrica’’, ha mencionado el bisnieto de Micaela entre risas.

Muchos son los empleados que han pasado por esta fábrica, algunos de ellos incluso, a día de hoy, siguen trabajando allí. Es el caso de Mari Carmen Páez Martín, que lleva desde los 14 años formando parte de la plantilla de La Colchona, siendo la trabajadora más antigua, siempre liando y envasando mantecados. Según ha comentado Mari Carmen, ‘’yo empecé a trabajar en La Colchona porque trabajaban aquí dos tías mías. Cuando me salí del colegio porque no quería estudiar, mis tías hablaron con Remedios y Antonio, que eran los dueños, y ya empecé a trabajar aquí’’. ‘’Llevo toda la vida en esta fábrica. Estuve ahí cuando se casó Victoria, cuando nacieron sus hijos,… siempre para las alegrías y también para las penas’’, ha añadido Mari Carmen Páez.

Mari Carmen Páez envasando mantecados. / Carmen Alfaro Leiva

Además de ella, su hermana Pepi también lleva toda la vida en la fábrica, aproximadamente unos 32 años, ya que empezó con 18. ‘’Empecé a trabajar en esta fábrica porque estaba aquí mi hermana y mis tías y entré por ellas, que llevaban aquí toda la vida’’, ha señalado Pepi Páez. A esto ha añadido que ‘’al igual que mi hermana Mari llevo aquí toda la vida y los conozco a todos desde muy pequeños’’.

Este año, La Colchona ha inaugurado su nuevo despacho, cuyo proyecto lleva aproximadamente dos años gestándose. Debido a la pandemia, tuvieron que parar la obra, pero antes de empezar la campaña la retomaron y ya por fin, la nueva tienda está lista. El despacho, en la parte de abajo, ya está acabado y cuando sea posible, la parte de arriba se convertirá en un obrador/chocolatería y una sala de reuniones para hacer pequeñas catas. Por ahora, las visitas son en pequeños grupos (cuatro personas más o menos), ya que de otra manera no se cumpliría la normativa.

Nuevo despacho de La Colchona en Estepa. / Remedios Fernández

Además de las dos tiendas en Estepa y la de Sevilla, la fábrica más antigua del pueblo sevillano cuenta con una tienda online, que vende por toda España y parte del extranjero. Según ha comentado Santiago Fernández, quinta generación de La Colchona, ‘’la venta online se ve que está subiendo mucho, aunque todos los años subía, pero este año se nota más’’. Además, ha añadido que ‘’hasta el momento, la campaña va más o menos igual que otros años, no estamos notando un descenso en la venta. Esto es un producto que está muy asociado a la tradición, a la Navidad… un producto de una vez al año. Como es algo específico y no nos encontramos en grandes superficies, nuestro cliente es más fiel’’. Ante todo, ha resaltado que hasta que no empiece enero no sabrán realmente el impacto que ha tenido la pandemia en su empresa.

Con respecto a la esencia y tradición de La Colchona, Remedios Fernández, también quinta generación, ha resaltado que ‘’la esencia de todo sigue igual, el mantecado se sigue haciendo a mano utilizando el horno de leña, pero las nuevas tecnologías ayudan bastante. Nos adaptamos también a los nuevos tiempos’’.

Emilio Martos, hornero de La Colchona. / Carmen Alfaro Leiva

 

Trabajadoras de La Colchona desde una ventana. / Carmen Alfaro Leiva

Además, a lo largo de todo este tiempo, muchos han sido los personajes conocidos que han visitado la fábrica, desde Juan Echanove e Imanol Arias hasta Modesto Barragan o Paloma Barrientos. Remedios recuerda algunas de las visitas de estos últimos años, señalando la de Juan Echanove e Imanol Arias, ‘’fueron muy simpáticos y cercanos, no pararon de comer mantecados, echamos un rato muy bueno con ellos’’.

Lo que está muy claro es que detrás de la industria del mantecado hay muchas personas, como Micaela, Mari, Victoria o Antonio, que han conseguido el gran reconocimiento que tiene hoy en día este selecto y tradicional producto. Toda una vida dedicada a ofrecer calidad, tradición, a dar trabajo y a endulzar los paladares de las millones de personas que consumen este típico dulce navideño. En definitiva, toda una vida por y para el mantecado.

Mantecado casero de La Colchona. / Diego González