Opinión: Los inconvenientes del lenguaje inclusivo

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Respuesta de la RAE a un usuario de Twitter

No estar de acuerdo con los usos del lenguaje inclusivo que propician una degradación del español no significa no permitir que la lengua española avance, sino cuidarla y protegerla para que mantenga su esencia, su complejidad y su belleza. Ruiz Noguera, catedrático en Lengua y Literatura, profesor titular de Lingüística aplicada y director de la Cátedra María Zambrano, señaló: “El sexismo no está en las palabras, sino en el comportamiento de las personas”.  El lenguaje inclusivo genera debate tanto en el plano lingüístico como en el social.

Desde el punto de vista lingüístico, los desdobles constantes para marcar el masculino y el femenino son frecuentes. Con ellos se pretende plasmar con el lenguaje la igualdad de género, la equidad entre hombres y mujeres, aun a riesgo de contravenir las normas de la Real Academia de la Lengua Española. Además, supone una arremetida contra la belleza innata del lenguaje. La conciencia lingüística debería ser suficiente para que los hispanohablantes aceptaran el masculino genérico como forma inclusiva, pues engloba a mujeres y hombres siempre que el contexto sea claro.

La ambigüedad y la confusión del uso reiterado de la duplicidad de género implica, en ocasiones, una interpretación errónea de lo que se quiere decir. Asimismo, esta reiteración puede dar lugar a anacolutos en el lenguaje que, indiscutiblemente, deterioran la claridad expresiva.

Con el uso de la vacilación -o/-a del lenguaje inclusivo, se perjudica a la economía lingüística, principio al que cualquier lengua tiende.  Además, el uso del desdoble inclusivo pervierte la precisión del lenguaje y provoca confusión, pues hace que se pierda el sentido de un discurso.

De un tiempo a esta parte, se ha difundido la idea de cambiar el mundo a partir de una demagogia basada en modificar el lenguaje sin respetar sus normas. En este punto entran en juego ciertas instituciones y formaciones con aparente intención de luchar por la igualdad a partir del lenguaje. Por un lado, está el discurso social, que abre una y otra vez el debate sobre la inclusión y la igualdad a partir de la palabra; por otro lado, los intereses políticos, que se maquillan con una diatriba emocional que deteriora la gramática de la lengua española. Las razones políticas han llegado a imponerse a las lingüísticas alimentando esta moda y adaptándola a sus intereses electoralistas y politizados. Detrás de una fachada que defiende la igualdad desde el lenguaje, se alimentan actitudes maniqueas que enfrentan a diversos colectivos.

Con el intento de modificar la lengua desde el punto de vista inclusivo, se está creando una jerga populista tras la que se esconden montones de intereses ideológicos y políticos.

Ni el statu quo pertinente, ni los consistentes resquicios del patriarcado en la sociedad actual van a cambiar con una modificación del lenguaje que lo único que consigue es su deterioro. Recuerden que, como ya dijo Ruiz Noguera: “El sexismo no está en las palabras, sino en el comportamiento de las personas”.