Radio Bío-Bío, de referencia para los chilenos a denuncias de malas prácticas

Tomás Mosciatti, director de Radio Bío-Bío, parece haber pasado de héroe a villano en menos de diez años. Si la década comenzó para la emisora con apoyos por la cobertura del terremoto del 27F. culmina con denuncias por prácticas antisindicales.
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Tomás Mosciatti, el director de nuestra protagonista de hoy. Foto: Universidad de Valparaíso

El inicio de nuestra historia lo situaremos el 27 de febrero de 2010. En ese sábado del aún verano, en el hemisferio sur, la tierra tembló. Tembló bastante. Un terremoto de cerca de 9 grados en la escala de Richter que se convirtió en una de las mayores tragedias de Chile: ciudades destruidas y un tsunami que se podría haber prevenido.

En aquellos días hubo una emisora que fue alabada por su labor: Radio Bío-Bío, una emisora de Concepción fundada en 1966, pero que unos años atrás había dado el salto a nivel nacional. Los responsables de aquella emisora, Tomás y Nibaldo Mosciatti, se pusieron al frente de una cobertura que buscó informar y contactar con los familiares desaparecidos, en un contexto de importantes fallos en la comunicación móvil. La emisión llegó a televisión, ya que canales como UCV o CNN se conectaron a la programación de la radio. También, en su sede de Concepción, se facilitó la distribución medicinas y otros productos básicos. Concepción había sido una de las ciudades más afectadas y también la protagonista de saqueos que se habían producido también en otras zonas.

Gracias a esta cobertura, la emisora consolidó un crecimiento que ya venía al alza, tanto en audiencia como en crítica. Algunos de sus locutores eran premiados y su máximo responsable, Tomás Mosciatti, se incorporaba como entrevistador estrella a la cadena de televisión más vista en el momento, Mega. En el gobierno de Sebastián Piñera, así como en el posterior segundo mandato de Michelle Bachelet, se reivindicó como una emisora crítica frente al poder, espíritu similar al de otra emisora, Cooperativa, durante la dictadura de Pinochet.

Sin embargo, en este ascenso hay un punto de inflexión. Y ese punto lo marca una de sus locutoras estrellas, Rayen Araya, quién tenía a cargo la conducción del matinal ‘Expreso Bío-Bío’ de 9 a 13 horas. Su relación laboral se prolongó desde 2012 hasta 2017. Es ahí, en 2012, cuando comienzan los motivos de esa demanda. Araya se incorporó a la emisora al mes de ser madre, aunque la emisora no la contrató para evitar pagar los derechos que tenía por su reciente maternidad. Esas prácticas se mantuvieron con otras embarazadas. Araya fue despedida en 2017, tras ser madre nuevamente, al considerar la emisora que la maternidad de la locutora no eran la situación que deseaban. Araya ganó a su ex-emisora, entre críticas internas del director, y apuntó a un nuevo foco de conflicto: las prácticas antisindicales.

El sindicato de Bío-Bío decidió ponerse en huelga a mitades de septiembre de 2019, haciéndose efectiva desde el día 29 de ese mismo mes. Buscaban mejoras laborales. La huelga duró dos semanas y acabó sin acuerdo con la empresa. Semanas después, una decena de trabajadores fueron despedidos, muchos de ellos miembros del sindicato. Mientras la emisora contaba las reivindicaciones, muchas de ellas laborales, esa misma emisora era denunciada y señalada por prácticas antisindicales, que habían comenzado sustituyendo a los que se pusieron en huelga y había culminado con una decena de trabajadores en la calle.

En menos de diez años, algo más de nueve meses y medio, la emisora pasó de referencia de buen hacer a referencia de mal hacer. Un salto al vacío que sitúa a esta cadena en una difícil crisis de credibilidad. ¿Será capaz de superarla o sus denunciadas malas prácticas terminarán por sepultar su prestigio?