El Garlochí: lugar donde todo es una contradicción

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Garlochi. Sara Arrieta

Este bar no es un simple bar. Es desde sus inicios, el sueño hecho realidad de un sevillano de chaqueta y bien peinado. No es un pub normal de copas, ni mucho menos es una iglesia. No hay ningún bar como el Garlochí.

Muchas personas se preguntan por qué esa decoración tan embriagadora al mismo tiempo que espeluznante, pero nadie se pregunta por qué Garlochí. ¿Dónde se encuentra la historia de este nombre?

La historia que hay detrás de este nombre resulta que da sentido a lo que dentro alberga. Garlochí en caló, la lengua de los gitanos, significa corazón y hace honor a una canción de Isabel Pantoja: “Ven y espérame, ven junto a mí. Y te daré mi Garlochí”.

Quizás el corazón que se encuentra dentro no sea solo el de aquellas imágenes de Cristos y vírgenes, sino también el de aquel hombre llamado Miguel Fragoso que, desde hace muchos años, cuarenta para ser exactos, ha dado todo por su segunda casa.

Ahora, coge el relevo su hijo Miguel, quien dice haber crecido entre estas cuatro paredes: “Mi padre ha presenciado como personas se conocían aquí de jóvenes, se han casado, han tenido hijos y los hijos siguen viniendo con sus mujeres, a los que ahora conozco yo”. Su casa se sitúa justo encima de este bar, pub, santuario o como se quiera definir, porque realmente una vez que se traspasa aquella puerta, no hay definición que encaje a la perfección con el local.

La idea de hacer un lugar entre el cielo y la tierra surgió hace mucho tiempo, cuando Miguel Fragoso era un niño. Cuenta su hijo que su padre era monaguillo de la Catedral de Sevilla. Le encantaba la religión y todo lo que estuviera relacionado con el barroco.

En 1978, decidió abrir lo que hoy se conoce como el Garlochí o el lugar por donde toda persona debería pasar una vez en su vida. Es un bar de copas que abre de 21.00 horas a 3.00 horas de la mañana, menos en Cuaresma que abren sobre las seis de la tarde. Se encuentra en la calle Boteros y en Semana Santa pasan tres hermandades: San Roque, Carmen Doloroso y La Trinidad.

Se encuentra entre aquello que acoge la sagrada eucarística y todo aquello que lo profana. Literalmente se encuentra entre lo que es sagrado y lo que no lo es tanto, ya que los claveles simbolizan aquello que es puro y eterno, mientras que las siemprevivas moradas simbolizaban una declaración de guerra. Ahora son conocidas como las flores del feminismo, por su declaración de guerra al patriarcado, inmortalidad y belleza eterna. Miguel opina que su significado no es del todo correcto, porque las siemprevivas simbolizan la Resurrección de Cristo.

Miguel Fragoso -hijo- explica que aunque sea un poco complicado definir el estilo, es una mezcla entre el barroco, rococó y Kitsch -estética pretenciosa que roza lo cursi y lo hortera-.

Las especialidades del Garlochí son la Sangre de Cristo y el Agua de Sevilla. El primer cóctel es el más conocido y consumido por los clientes. La Sangre de Cristo es una mezcla de whisky, cava y granadina. Agua de Sevilla es una mezcla de cointreau -elaborado a base de cascaras de naranjas-, whisky, champán, zumo de piña y nata.

La Duquesa de Alba, era una clienta habitual en esta cantina e íntima amiga de la familia, hasta el punto de tener un cuadro plasmado en las paredes del Garlochí pintado por el mismo dueño.

Al igual que la Duquesa, Luz Casal es una buena amiga de la familia y tiene un lugar en el bar.

Lo más impactante que ha podido ocurrir en este local, fue la presencia de Uma Thruman, protagonista principal de  Kill Bill -película de Tarantino-. Lo extraño no fue cómo Uma llegó al Garlochí, sino como acabó. Entre telas y mantones, apareció la actriz vestida de virgen. Esta pasó de llevar una katana a llevar un mantón.

Todo el mundo se imaginaba que la presencia de Uma Thruman subiría las visitas como la espuma, pero esto no fue así.  La Sevilla profunda se indignó al ver semejante imagen, el local empezó a decaer y la fotografía de la estrella de cine quedó guardadapara el recuerdo. A pesar de esto, nunca desistieron y el pub sigue abierto con sus cócteles peculiares.

La pregunta del millón: ¿no os da respeto mezclar alcohol con imágenes religiosas?

Según Miguel -hijo- esa es la pregunta que más veces responde a lo largo de sus días. Explica que no hay que tener ni miedo ni respeto porque las imágenes colocadas tanto de Cristo como de la Virgen María, no están bendecidas ni han pasado por el culto. Son antigüedades pero ninguna estuvo en iglesias, si fuera así no podrían estar en un bar.

Un lugar curioso, que debe ser admirado por los ojos de cada persona que esté dispuesta a romper con los estereotipos y disfrutar de su historia.

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