Opinión: Los ojos que no todo lo ven

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Fotografía de María Nogales Coba

Piden diversidad, pero después la gente se aparta de lo diferente.

Piden opiniones, pero después horroriza o extraña cuando hay contracorriente.

Piden sinceridad, pero después nadie recuerda donde comienzan las mentiras.

Esto es una crítica personal a aquellas personas que no saben respetar todo lo que les rodea. Nadie habla de compartir, nadie exige llevar razón y nadie peca lo suficiente de tonto. Está de moda criticar a diestro y siniestro. Aparentar pero no ser transparente. Ojo, no decir las cosas a la cara es ser buena persona porque no hacen daño. Lo más parecido a un “cara a cara” es cuando hablas de teléfono a teléfono.

El nuevo concepto de esta era: estás a un click de la crítica digital.

Todos nos envalentonamos con una pantalla de por medio. Es la era de la envidia, del postureo en las redes sociales, del retoque “porque la sociedad exige un canon de belleza surrealista”, del bullying por ser diferente y del querer y no poder.

Todo lo que no pase por el filtro de lo “correcto socialmente”, está destinado al “fracaso”.

Seguimos empeñados en agradar a todo el mundo, en romper relaciones “porque no son como deben ser”.

Mi pregunta es: ¿a juicio de quién o de qué algo o alguien es correcto?

Vivimos en un siglo en el que podemos ser como nos plazca y todavía hay quienes necesitan un motivo para ser aceptado. Estamos creando un antes y un después. Estamos creando grupos aislados en la sociedad porque se sienten incomprendidos y nadie se esfuerza por comprenderlos. Estamos produciendo pesadillas en vez de sueños.

Los jóvenes que se supone que somos “modernitos”, que se supone que hemos crecido con otros estereotipos, somos los que no entendemos las diferencias y para colmo, también nos molestan.

Hay que empezar a cerrar pantallas y a abrir mentes... porque esto es solo la punta del iceberg.