Argentina confirma su apoyo al peronismo sin necesitar segunda vuelta

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La foto de los vencedores. Publicada por el diario La Tercera

El candidato peronista Alberto Fernández será el nuevo presidente de Argentina, tras vencer en las elecciones presidenciales celebradas ayer. Los resultados, conocidos pasadas las nueve de la noche, solo fueron la confirmación de lo que las PASO, las elecciones primarias de agosto, ya habían vaticinado. El presidenciable del Frente de Todos es ya el presidente electo, tras aglutinar el 47,89% de los votos.

Evita la segunda vuelta, el llamado »ballotage», por la mínima. Para que un candidato sea elegido sin necesidad de recurrir a la segunda vuelta, debe conseguir más de un 45%, o en su defecto superar el 40% con una diferencia de 10 puntos sobre el segundo.

El segundo es Mauricio Macri, el actual presidente. El principal candidato de la derecha argentina, que aspiraba a lograr su segundo mandato, consigue un resultado malo, pero que mejora al catastrófico resultado de las primarias, cuando quedó en un 30% de los apoyos. Este mal dato y el por qué de la derrota, se explica en un dato fundamental: el conurbano bonaerense, la zona de Buenos Aíres, ha apoyado en masa a Fernández. Que el peronismo gane en una circunscripción no sería especialmente reseñable si no se tratara de la que más electores tiene en el país, y cuando esa diferencia es de cerca de dos millones de votos.

Si uno ve el mapa de las circunscripciones con los partidos que han ganado, uno ve un mapa azul. El mismo mapa azul, favorable a la izquierda, que en 2015, pero con una diferencia clave: pese a que Macri también quedó segundo en los comicios del 2015 (y luego ganó en el ballotage), solo le separaban dos puntos de su rival de entonces, Daniel Scioli. Muchos expertos señalan a que la estrategia del Gobierno era la misma que entonces: forzar un ballotage en el que Macri ganara. Lo veían posible, ya que desde agosto ha conseguido subir diecisiete puntos porcentuales, pese al agravamiento de la economía, tras una reacción negativa de los mercados a los resultados de las PASO, que dañó a un país inestable económicamente hablando.

La economía sufrió un fuerte debilitamiento en 2016, atravesando un proceso de recesión, que truncó las promesas de Macri, que llegó con el objetivo de reflotar la economía argentina, tras la gestión del kirchnnerismo, con Cristina Fernández de Kirchner como presidenta (será la futura vicepresidenta). Nicolás Dujovne, un analista televisivo, fue el encargado de negociar las ayudas con el FMI, en medio de fuertes protestas ciudadanas, debido a los recortes.

El gobierno de Macri se ha visto marcado por dos grandes tragedias, que han puesto al Gobierno en una situación comprometida. La primera, el 1 de agosto de 2017, cuando tras una manifestación mapuche, desapareció el activista Santiago Maldonado, mientras huía de un operativo policial. Los ochenta días que siguieron a su desaparición pusieron a la policía y al gobierno en una situación desfavorable, ya que la ciudadanía mapuche alzó su voz para denunciar la persecución, y muchos apuntaban a que había sido asesinado. Su cuerpo apareció en el río Chubut, donde se le había perdido la pista, con la persecución policial como núcleo del debate social.

Otra de las tragedias que han marcado el gobierno de Macri, que llegará a su fin el próximo diez de diciembre, fue la desaparición del ARA San Juan, un submarino de 44 tripulantes, que perdió el contacto el 15 de noviembre del mismo año, cuando transitaba cerca de Puerto Madryn. Durante el año de busqueda previo a su hallazgo, con todos los tripulantes fallecidos, el Gobierno no supo dar las respuestas necesarias, lo que supuso una crisis en su prestigio. Fueron dos grandes golpes en la moral de un país, que canalizó el descontento hacia el ejecutivo presidido por Macri.

El presidente cumplió sus dos años de mandato con un horizonte positivo. Logró colocar a Argentina en el mercado internacional, tras la última emisión de deudas, aunque una sequía, la más grave en la historia del país, provocó las sospechas de que el gobierno no podría pagar la deuda que le restaba, lo que acabó con el pedido al FMI de un préstamo, acompañado de recortes, que no mejoraron la economía.

El gobierno ha perdido la capacidad de generar la ilusión suficiente en la ciudadania, pese a que las semanas previas a las elecciones primarias, la situación económica iba al alza. El oficialismo, el gobierno actual, ha sufrido un duro castigo a su gestión. Ahora deberá dejar paso al nuevo equipo encabezado por Alberto Fernández, que obtiene un fuerte respaldo de casi el cincuenta por ciento de los electores del país transandino.

Alberto Fernández, el nuevo jefe de gobierno argentino, es un abogado, con una extensa trayectoria en política. Fue jefe de gabinete, una de las tareas más importantes, en el gobierno de Nestor Kirchner y los primeros años de Cristina Fernández de Kirchner. Su salida, en 2008, acabó con una ruptura con el gobierno del que había sido pieza clave, y acabó convertido en un firme opositor del ejecutivo. Llegó a declarar que nunca más volvería a aproximarse al kirchnerismo, aunque ya el año pasado inició un acercamiento progresivo al núcleo cercano de la ex-presidenta.

Ahora la presidenta de la que se separó y repudió, será su vicepresidenta, perseguida por las denuncias y las investigaciones de corrupción, que acabaron con muchos colaboradores presos, en las dudas sobre si ejercerá el verdadero poder en la sombra, algo que ha negado en repetidas ocasiones.