La energía verde que concibió la luz

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Manuel Losada Villasante. Fuente: Cadena Ser

La luz siempre le había fascinado. Durante toda su carrera científica sus estudios se centraron en cómo la luz incidía en las plantas y cómo estas eran capaces de producir energía por sí mismas mediante la fotosíntesis. La clave reside en una sal sin energía que es capaz de energizarse con la luz: el fosfato. Gracias a ese proceso casi ‘mágico’ se obra el milagro de la vida y Manuel Losada Villasante descubrió que aquel proceso fotosintético que realizaban los seres vegetales podría llevarse a cabo artificialmente a través de procesos químicos.

Losada Villasante fue testigo de un experimento en su época de estudiante que consistía en introducir dos polos en agua. El oxígeno y el hidrógeno se separaban, algo que las plantas también son capaces de hacer por sí mismas mediante la fotosíntesisEl hidrógeno es considerado el combustible del futuro y las plantas son capaces de almacenarlo por lo que el joven científico comprendió que bastaba con imitar artificialmente ese proceso natural capaz de transformar la luz en energía.

LA FOTOSÍNTESIS: CÓMO SE OBRA LA MAGIA

Para entender todo lo anterior, hay que detenerse en comprender en qué consiste exactamente la fotosíntesis y qué importancia tiene para las plantas. Ante todo, un proceso químico que realizan para obtener ‘el alimento’ que les permite sobrevivir y para ello usan como única fuente de energía la luz. En dicho proceso se producen una serie de reacciones químicas dependientes de la luz –se conoce como fase luminosa –e independientes de la luz. No obstante, esas reacciones independientes que se producen en la denominada fase oscura también utilizan la energía química que ha generado las reacciones dependientes por lo que la luz sigue siendo la gran protagonista en esta historia.

Anteriormente se mencionaba que este proceso hacía posible el milagro de la vida pero quizás el lector se pregunte cómo es posible que algo tan propio de los seres vegetales repercuta en el ser humano. Pues bien, es tan simple como esto: las plantas obtienen el fosfato a través de sus raíces –ya que este compuesto es inorgánico es una sal que se encuentra disuelta en el agua –y una vez que lo absorben se sintetiza en energía a través de la fotosíntesis. Los seres humanos no pueden absorber ese fosfato por si mismos pero si a través de la ingesta de alimentos como verduras, frutas, hortalizas, etc., o incluso a través de alimentos de origen animal que basen su dieta en plantas.

EN BUSCA DE LA ENERGÍA LIMPIA

Manuel Losada Villasante investigó a lo largo de su carrera científica la fotosíntesis, la bioenergía, la biofotoelectrolisis del agua, energetización del fosfato, etc. Sus estudios le convirtieron en pionero en el campo de la conversión –a través de procesos biológicos –de la energía solar en energías renovables como alternativa a los combustibles fósiles. Es por ello que en 1995 se convirtió en el primer científico andaluz en conseguir el Premio Príncipe de Asturias.

Estas energías renovables se caracterizan por ser limpias, es decir, no contaminan al medio ambiente y suponen un ahorro económico bastante amplio respecto a las fuentes de energía convencionales. Muchos de los estudios sobre estas energías se centran en analizar los mecanismos que intervienen en la fotosíntesis con el propósito de generar energías alternativas a los combustibles fósiles. El objetivo de esas investigaciones es crear procesos que imiten ese proceso natural de manera eficiente, es decir, crear la fotosíntesis artificial.

Muchos científicos se afanan en desarrollar este proceso en los laboratorios pues de conseguir que la fotosíntesis artificial sea una realidad eficaz y rentable, supondría una revolución en el campo de las energías renovables. Una de las líneas de investigación más interesantes en la que Manuel Losada Villasante se implicó desde sus inicios como científico, gira en torno a la producción de moléculas de hidrógeno resultantes de la fase luminosa de la fotosíntesis. El hidrógeno es considerado el combustible del futuro ya que cuando se quema solo genera agua y no contamina.

UNA BARRERA QUE "APAGA LA LUZ"

Aunque se están desarrollando prototipos que imiten la fotosíntesis, tales como hojas artificiales fabricadas a partir de silicio, níquel y cobalto que producen energía cuando la luz solar incide en ellas, los proyectos carecen de viabilidad comercial. Estas fuentes de energía renovables han demostrado ser limpias pero realmente tienen un rendimiento energético muy escaso por lo que los científicos que centran sus estudios en este campo se encuentran con una barrera difícil de escalar: la falta de inversión por parte de las empresas que no ven rentable el desarrollo de esas investigaciones. También entra en juego los intereses económicos pues los combustibles fósiles siguen aportando muchos beneficios y las energías renovables, al ser demasiado costosas por el gasto que supone ese desarrollo, no pueden competir con ello.
Sin embargo los científicos no han abandonado esa búsqueda de una energía limpia. A pesar de las dificultades mencionadas, las investigaciones continúan y buscan la manera de que un proceso que no es rentable por su lentitud se acabe convirtiendo en una apuesta segura para las grandes empresas energéticas. La clave es acelerar ese proceso y obtener resultados eficientes en cuestión de meses.

Manuel Losada Villasante creyó en la búsqueda de la energía limpia desde siempre, su incesante implicación queda plasmada en su obra y en los numerosos estudios que realizó sobre la fotosíntesis. Para él, la imposibilidad de llevar a cabo ese proceso natural a nivel industrial suponía un fracaso para la humanidad y no le faltaba razones. La clave para hacer "magia" que aporta la naturaleza sería en vano y la luz que alumbra el futuro acabaría por consumirse.

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