CRÍTICA: ‘The Gulf’, una película para apáticos

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Con este filme hace su debut el director turco Emre Yeksan, que previamente ha trabajado como productor y dirigido cortos como ‘Aziz’ (2014).

‘The Gulf’ cuenta la historia de Selim, un joven apático de 32 años que vuelve a la casa de su familia en Izmir tras divorciarse y haber perdido el trabajo. No queriendo pensar en su futuro, Selim comienza a retomar la relación con su familia y viejas amistades. Sin embargo, este retorno a su antigua vida da un giro inesperado cuando un hedor insoportable invade la ciudad.

En la rueda de prensa de dicho largometraje se hizo mención a la común sensación de desconexión de la realidad, de no pertenencia, que se percibía en los personajes jóvenes de otras películas turcas, a lo que Yeksan respondía que “probablemente todos esos temas que se están tratando en las películas proceden de un estado mental en el que viven los turcos”. En ‘The Gulf’ se puede apreciar mucho de ese “estado mental”, que procede de la desilusión de la madurez, el desempleo, la tradición, la corrupción policial y otros factores socioculturales que se retratan, en ocasiones cómicamente, en dicho filme. “No es una fantasía absoluta, pero la realidad está a punto de romperse”. 

De la composición es interesante destacar el cuidado con los encuadres. Sin embargo, hay momentos en la película en los que el espectador se queda mirando el mismo plano durante más de 50 segundos, lo que provoca cierta sensación de pesadez e inmovilismo en el filme, que resulta excesivamente largo y falto de acción para poder mantener al espectador atento durante sus casi dos horas de duración. 

Selim es el único personaje realmente digno de mención por la mediocre actuación de Ulaş Tuna Astepe. Sin embargo, Selim no es carne de protagonista: se deja llevar por los hechos, parece estar completamente ajeno a los problemas que ocurren a su alrededor -por otra parte, una muestra de ese estado apático del que hablaba su director- y posee una completa falta de empatía. La mejor escena y más digna de mención es la cena familiar, en la que los actores demuestran un gran trabajo en equipo y complicidad, manteniendo la conversación como lo habría hecho una verdadera familia.

De la película en general no hay nada que llame la atención más allá de las críticas la sociedad turca, con especial énfasis al descontento juvenil.