Las otras maravillas de Aracena

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Aracena se alza como un lucero en Sierra Morena. Sus casas, de arquitectura típica andaluza y color blanco, hacen que esta ciudad onubense consiga que te enamores de ella con el sólo hecho de adentrarte en su avenida principal. Aracena esconde un tesoro, y no les hablo de la famosa Gruta de las Maravillas, me refiero a las otras grutas que no muchos conocen, su sierra y sus pequeños senderos hacen de esta ciudad un marco incomparable que reúne todas las facetas que busca cualquier viajero.
 
Punto de partida
 
El viaje en coche desde el Viso del Alcor hasta Aracena, de unos 116km y hora y media de camino, fue una premonición de lo que sería la ruta por los senderos de la sierra aracenense, ya que el extravío de mi persona en este viaje fue una constante.
 
Sobre las 9 de la mañana llegué a la ciudad y lo primero que observé fue su espectacular castillo, el cual se alza sobre la ciudad desde su magnífico emplazamiento y contempla la vida de los naturales del lugar y de los viajeros que cada día visitan la zona.
 
Presto a comenzar la ruta, de doce kilómetros y unas tres horas de camino, aparqué fácilmente el coche en una calle aledaña a la entrada del sendero. Lo primero que encontré fue, lo que más tarde sería una constante durante todo el camino, muros hechos con piedras. Apiladas una sobre otra hacen una pared de altura media, e inmediatamente te trasladaba mentalmente a los típicos campos gallegos. Y no es de extrañar, ya que esta zona fue repoblada por ciudadanos leoneses, gallegos y portugueses a principios del siglo XV tras la reconquista.
 
A medida que me adentraba por el sendero la vegetación se hacía más espesa, esta cubría con su sombra el camino. Algo que se agradecía ya que, aunque es octubre, el estío veraniego se ha alargado y el sol aprieta cuando alcanza su culmen. 

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Para todos los que son fans de la trilogía de El Señor de los Anillos les recomiendo esta ruta, ya que, cuando comienzas a adentrarte por los pequeños caminos te sientes como un hobbit en el bosque aledaño a la Comarca donde los Nazguls acechan a Frodo para arrebatarle el anillo único.

Una de las varias curiosidades que encontré, fueron las múltiples heces de caballo que tenía que esquivar por el camino, lo que me daba a entender que los paseos a caballo son constantes, un aliciente más para los senderistas amantes de los animales.
 
Un hermoso paisaje
 
Por cada metro que avanzaba la altura se hacía notar. Cuestas de varios cientos de metros de desnivel hacían que la ruta fuera cada vez más difícil, pero todo trabajo tiene recompensa. Llegué a una zona donde la vegetación te permitía ver parte de la sierra de Aracena y de Linares, y al fondo poder disfrutar de la Sierra Pelada y Ribera del Aserrador.

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Quizás la única pega que tienen los senderos de Aracena es que no tienen señalización alguna o cartel que muestre tu ubicación en un mapa, por lo que debes ser un gran conocedor del lugar, o por lo tanto, si eres un novato, como es mi caso, lo más seguro es que te pierdas varias veces y termines en Linares de la Sierra en lugar de volver a Aracena.
 
Durante el camino pude conversar con varios senderistas, los cuales eran de diferentes lugares de la geografía andaluza, demostrando la fama que tiene la zona. Es curioso, porque no hay un perfil establecido de persona que practique esta actividad. Las personas que encontré eran de edad joven, de mediana edad y jubilados, los cuales iban ataviados con su respectiva indumentaria para poder realizar correctamente la activa deportiva. Así que esto demuestra que cualquier persona independientemente de sus años puede hacer esta ruta.
 
A la hora y media de camino, decidí hacer un descanso para tomar algún que otro alimento e hidratarme. Por su puesto, todos los envases y desperdicios fueron guardados para su posterior deposición en el correspondiente contenedor. Porque, otro de los atractivos de la sierra de Aracena es su limpieza, no encontrarás, ni por casualidad, un solo papel o plástico por el lugar.
 
Hubo un instante de nuestra ruta en la que me extravié completamente, debido a que encontré a mi paso varios cruces de camino, lo cual hace que no sepas que dirección tomar si eres inexperto en estas lides. De hecho, menos mal que me topé con una avezada pareja de senderistas, naturales de granada, que me indicaron el camino correcto para volver a la ciudad, si no, seguramente seguiría dando vueltas por las asfixiantes cuestas de la serranía. 

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Tras encontrar el camino correcto, me adentré por un pequeño sendero. Este con diferencia era el más angosto y escarpado, ya que su suelo era de piedras sueltas y esculpidas por el paso de la correntía del agua en los periodos de lluvia. A medida que avanzaba, los signos de civilización se acrecentaban, hasta que por fin, aparecieron las pequeñas casas de campo que tienen los aracenenses para pasar el verano o los fines de semana. Otra de las anécdotas del viaje, fue cuando estaba llegando al final del camino pasé justo al lado de una colmena de abejas, con el terror que supone la situación esta se agudizó todavía más cuando sentí el potente zumbido del enjambre en el oído. Así que debéis tener cuidado y sobre todo si sois alérgicos, ya que afortunadamente estos insectos proliferan por el lugar.

Al final del camino, me recibió una pareja de burritos, los cuales parecían que estaban ‘contratados’ por el ayuntamiento de Aracena para recibir al cansado viajero después del duro camino. Otro aspecto positivo del lugar.
 
Cultura y Gastronomía
 
Al llegar al pueblo decidí buscar un lugar para comer y reponer energías. Tras ojear los establecimientos de la ciudad a través de internet, decidí optar por uno llamado La Stradina, un restaurante de comida mediterránea que utiliza alimentos fabricados y típicos de la zona, como es el jamón ibérico o el queso de cabra. Muy recomendable este establecimiento, no sólo por la calidad gastronómica, si no por el precio, servicio y emplazamiento.
 
Antes de abandonar Aracena, era de recibo visitar sus lugares más emblemáticos. Evidentemente, me era imposible visitar la Gruta de las Maravillas debido a la hora y día en el que me encontraba, aunque ya la visité en mi niñez siempre uno tiene ganas de volver. Pero si tuve la oportunidad de contemplar y pasear por sus calles empedradas, su ayuntamiento que me recuerda al Teatro Falla de Cádiz, y su preciosa iglesia románica, además la ciudad posee varios edificios realizados por el famoso arquitecto sevillano Aníbal González.

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Si quieres respirar aire puro, hacer deporte, comer bien y además hacer turismo cultural, Aracena es tu destino. El viaje en coche hasta llegar a la ciudad se hace muy ameno, debido al maravilloso paisaje que le rodea. Las otras grutas de Aracena son también otra maravilla. Cada sendero esconde un detalle diferente, que te hará sentir que el esfuerzo por llegar a tu destino no ha sido en balde. Y si por casualidad sientes que en algún momento te fallan las fuerzas piensa que al final del camino te estará esperando una pizza de jamón ibérico de bellota y aceite de oliva virgen extra.
 

Aracena

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