OPINIÓN: Cómo escribir una buena novela

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La mayoría de los que leéis este periódico sois lectores asiduos de revistas, blogs y libros. Por eso estoy segura de que habéis escuchado hablar de Juego de Tronos, Harry Potter, Crepúsculo, Los Juegos del Hambre o la más reciente 50 Sombras de Grey. Todas tienen un argumento diferente y se centran en diversas temáticas. En común poseen el privilegio de ser estar (o haber estado) en los puestos más altos de las listas de best-seller internacionales. Se han hecho adaptaciones cinematográficas de todas ellas, y si le dices a tu vecino de enfrente que sus gafas se parecen a las de Harry Potter tienes un 90% de probabilidades de que sepa de lo que le estás hablando -el otro 10% de que te cierre la puerta en las narices-; si le comentas a una colega de la universidad que está más blanca que Edward Cullen, probablemente también sepa quién es  y a qué libro pertenece ese personaje. Esto es uno de los muchísimos efectos colaterales de que los libros se hayan convertido en fenómenos de masas. Pero de lo que me gustaría hablar hoy es de esa nueva tendencia entre los jóvenes lectores, que es, paradójicamente, escribir. 

 

Al menos uno de los lectores que hayan pasado por aquí que ha empezado a redactar un manuscrito (o ya lo ha escrito, o está planeando hacerlo) se preguntará cómo puede ir un nivel más allá para crear una historia atrayente. En este punto me gustaría mucho más hablar sobre la verdadera “fórmula del éxito” para un escritor, que no es cómo vender mejor, sino como escribir algo que valga la pena publicar.

 

Generar una idea nueva

 

Bueno, tengo que decir que no es una fórmula revolucionaria ni definitiva, dado que el principal componente es y siempre será la calidad o la innovación o ambas. Admitamos que la calidad literaria de 50 Sombras de Grey no es especialmente impresionante, y su argumento es el que desarrollan muchos mangas japoneses: chica pobre/normalita con la autoestima baja (que el resto del mundo considera un bombón), conoce chico ricachón buenorro y fuertote que decide comenzar a cortejarla o colmarla de (en ocasiones no muy elegantes) atenciones. Todo genial hasta aquí. Es una historia que habíamos escuchado o visto antes, o que al menos nos suena de algo. La genial idea que tuvo L.J James fue añadirle al asunto un toque erótico… diferente. Algo excitante, algo de que no se suele hablar porque es casi un tabú en la sociedad. 

 

La mejor forma para generar ideas es investigar las de los demás. Leer mucho y empaparse de la creatividad de otros inspira muchísimo; aunque hay que tener cuidado de no caer en la tentación de plagiar o pensar eso de “esto me gusta tanto que quiero hacer algo parecido”, porque lo primero no es legal y lo segundo demuestra falta de imaginación. Y un exordio de todo lo que hemos comentado sobre 50 Sombras de Grey es que uno de los elementos más importantes para que un libro tenga éxito es que el autor haga un importante ejercicio de imaginación en todos los sentidos.

 

Puedes inspirar o enseñar con lo que escribes

 

Pero si nos dirigimos hacia una historia más para todas las edades como El Alquimista de Paulo Coelho… ¿Dónde está la temática revolucionaria? Es solo la historia de un pastor que lo deja todo para ir a encontrar su tesoro. De hecho, si hablamos de estilo literario, podemos notar la diferencia entre El Alquimista y Adulterio (su último libro). La redacción del primero es tan simple que podría leerlo hasta un niño de primaria; sin embargo, un adulto es capaz de comprenderlo, de sumergirse en el lenguaje simbólico y las múltiples metáforas que nos acompañan a lo largo de la lectura. El estilo de escritura de este autor en concreto se ha llegado a calificar como pensamiento mágico, que son una serie de creencias personales que no se basan en fundamentos científicos. 

 

El libro en cuestión lleva más de siete años en el Top10 de la lista de best-sellers del New York Times. El motivo es su contenido inspirador, que muchos afirman que les ha cambiado la vida. El autor hace que nos identifiquemos con el contenido y con el protagonista. Pon especial atención a este punto porque es muy importante: si el libro no tiene personajes con cuyas ideas podamos identificarnos, no nos gusta. Tenemos que ver algo de nosotros en lo que leemos para interesarnos mínimamente en ello.

 

Os recomiendo que a la hora de escribir no tiréis de argumentos o personajes manidos; pero si debéis hacerlo, la mejor historia siempre será aquella que incorpore elementos innovadores como un mundo diferente, o un personaje extraordinario en todos los sentidos. También es interesante que incluyáis temas o reinterpreteis asuntos que os hayan hecho pensar. El lector no lo sabe todo, y probablemente le parezcan curiosas muchas de las cosas que vosotros encontráis fascinantes.

 

Personajes, ¿normales o fuera de lo común?

 

¿Quién no se ha sentido diferente nunca? Por muy normal que se quiere definir a un personaje, siempre termina teniendo algo especial. Y curiosamente, cuanto más normal, más fácil es identificarse con él o ella y ver lo especial que es; sin embargo, si tiene superpoderes o una inteligencia prodigiosa, pensamos en cuánto querríamos ser así y nos gusta igualmente. Lo esencial es no construir personajes con poca profundidad psicológica, porque el lector tiene que ser capaz de encontrar y entender los motivos que les mueven para meterse dentro de la historia.

 

Quizá conozcáis a Hannibal Lecter por la afamada película El Silencio de los Corderos o la más reciente adaptación de la novela El Dragón Rojo a formato serie, Hannibal. Probablemente penséis que las personas normales no pueden identificarse con Hannibal Lecter o con Will Graham, que son psicópatas y blablablá; pero os sorprendería saber la cantidad de gente que siente fascinación o elogia a esta clase de personajes. Hay una atracción prohibida en lo que los demás son capaces de hacer y nosotros no, incluso si son asesinatos creativos. Si no, mirad a Margo Roth Spiegelman de Ciudades de Papel (John Green), una chica “normal” que vive aventuras por su cuenta, a la que parecen no importarle los asuntos mundanos. ¿Quién no querría ser así?

 

Al final, sea como sea tu protagonista o tus personajes secundarios, lo importante es que si tiene superpoderes, sean realistas; que si se enamora, sea realista; y que si tiene una ética personal (buena o mala) la siga a rajatabla aunque evolucione más adelante -de hecho, es preferible que evolucione-. Si aceptáis un consejo, lo ideal es presentar un personaje maniqueo: porque todos tenemos esa lucha interna, permanente, entre el Bien y el Mal. He encontrado este artículo que se explaya más en el asunto, por si os parece interesante.

 

Lo importante es pensar bien los detalles

 

Decimos que quedan pocas historias por inventar. Recientemente se han desarrollado las temáticas de zombis, vampiros, ángeles y demonios, hombre lobo, brujas y magos, hadas… incluso cuentos populares. No está mal reciclar. Si te preocupaba no ser capaz de innovar con una temática nueva, ya ves que lo que funciona últimamente es lo mismo que funcionaba hace cincuenta años. Seguramente pronto volverán las guerras espaciales y, ¿quién sabe? Puede que ahora que sabemos más cosas sobre el mundo podamos escribir sobre aventureros modernos. Podríamos escribir sobre espías de los que están de moda ahora, de los que saben hackear a lo Snowden.  Las posibilidades son infinitas.

 

Es interesante tener en cuenta la teoría de Joseph Campbell, que elabora un patrón para el viaje del héroe basándose en relatos mitológicos de todo el mundo, y que se corresponde con la línea que sigue la creación literaria de hoy en día. Prácticamente todas las historias que has leído hasta el momento tienen ese patrón tan similar.

 

Otro punto esencial en una buena historia es la mismísima lógica de la misma. Me explico: no puedes ubicar a tus personajes en la Edad Media y en un momento dado escribir sobre cómo manejan un smartphone -a no ser que hablemos de viajes en el tiempo o algo por estilo…-. Todos los mundos que vayas a construir deben tener sus reglas. Tu lector deberá saber las cosas que están prohibidas y las que no, lo que es decoroso, la forma en la que funcionan los tratos… El Castillo Ambulante de Diana W. Jones es un buen ejemplo de esto: la autora sitúa la historia en un ciudad real; pero el destino que tienen las hermanas dependiendo del orden de su nacimiento, la magia, los tratos, la tecnología, etc. están tan bien definidos en la historia, que es como si nos metiéramos de lleno en un universo completamente diferente. Como lector, se puede prever y pensar acerca del devenir de los protagonistas si tienes datos suficientes del entorno que los rodea. ¡Es divertidísimo elaborar teorías y tratar de seguir las ideas del autor, especialmente cuando se trata de una serie de libros! 

 

Al final, todo depende de ti

 

Aunque podría dar algunas claves más para una buena novela, creo que la inmensa mayoría de vosotros os hacéis una idea de lo que es necesario con tan solo echarle un vistazo a vuestro libro favorito. Estoy segura de que ese libro que tanto apreciáis, que os da por releer de vez en cuando, tiene ese algo que os gustaría que tuviera vuestra propia historia. 

 

Al final todo es cuestión de sacarse partido a uno mismo, llevar a cabo una buena labor de documentación (¡ eso es MPORTANTÍSIMO!), creer en tu historia y desarrollarla bien desde el principio hasta el final y, evidentemente, ¡empezar a escribirla!

 

Dicho todo esto, ¡asegúrate de que no se te quede nada en el tintero y empieza a escribir!