El encanto de Sanlúcar

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El Parque de Doñana en el horizonte y un paseo marítimo a sus espaldas.

A pie de playa, en este paseo marítimo, turistas y sanluqueños disfrutan de los restaurantes y de la gran variedad de especialidad que en ellos encontramos, tales como el rico “pescaito frito”, langostinos y tortillitas de camarones, entrante apetecible y original para cualquier época del año. Todo ello regado con la bebida por excelencia sanluqueña, la manzanilla.

Sin embargo, los protagonistas de hoy son los caballos, nos centramos en el punto clave de esta historia; va asomando la puesta de sol de una tarde de verano y la gente espera impaciente el momento del espectáculo, el principal acontecimiento en el verano de Andalucía: las carreras de caballos reconocidas mundialmente en estas tierras del sur de España, espectáculo, además, declarado de Interés Turístico Internacional.

Estas famosas carreras de caballos se vienen celebrando desde hace más de siglo y medio. Fue en 1845 cuando se realizó la primera y en ella, hoy en día, pueden competir jockeys (profesionales), gentlemen (aficionados) y amazonas.

Un escenario prodigioso, una fotografía plasmada ante la mirada de miles de asistentes: el sol, que tímidamente se va escondiendo, refleja sus rayos en el agua de esta maravillosa playa de Bajo Guía, que, a su vez, escucha con paciencia los susurros de las personas reunidas en este acto tan llamativo. Los boxes están preparados…la hípica se ha trasladado a la playa de Sanlúcar de Barrameda y los jinetes y participantes de este evento esperan con nerviosismo la hora de la salida. El improvisado hipódromo natural en la orilla del mar ya está preparado.

En esta soleada tarde de agosto, miles de sanluqueños y visitantes permanecen con atención en la playa, expectantes al momento de la competición. Niños pequeños acompañados de sus padres, personas mayores y no tan mayores en ropa de baño y otros muchos arreglados, comienzan a organizarse; cogen sus sillas de la playa y se sitúan lo más próximo posible a la “primera fila”, siempre buscando el mejor sitio de preferencia en la arena para captar la mejor imagen. Para hacer la tarde más agradable aún, van cargados de viandas, refrescos, dulces y salados, pasando así una maravillosa tarde en familia. Una valla de plástico naranja, a modo de un cordón de seda, como si de un palco se tratara, los separa de la bajamar convirtiéndolos en un jurado ante este acto tan original.

Los concursantes se hacen ver ante el numeroso público, paseando a caballo por la amplia orilla en dirección a la salida…Una equipación adecuada formada por pantalones, cascos, chalecos,  guantes y botas para la ocasión los acompañan. La amplia variedad de su colorido y llamativo vestuario, y los números plasmados en las dorsales de sus camisetas y en el lomo de sus caballos, los diferencian a unos de otros para, poder así, controlar el desarrollo de la carrera. Camisetas naranjas, camisetas amarillas, rojas, verdes, cascos azules, cascos negros, rosas, distintas capas de caballo; capas tordas, castañas, negras y otros muchos detalles, hacen fijarse a todos los ojos puestos en esta grandiosa prueba.

Es por ello que los niños y los mayores hacen sus apuestas. Aunque las apuestas oficiales se realizan en la línea de meta, los más pequeños celebran un concurso infantil de casetas de apuestas de la misma carrera, en las que se puede apreciar que, en dichas casetas, se establece un caballo ganador. ¿En qué consiste este concurso? El fin y objetivo de esta aventura es que uno, de los tantos niños, gane su apuesta por un jockey. Para ello, establecen o trazan su propia línea de meta desde la orilla, por donde pasarán a trote los concursantes, hasta su caseta. Es decir, su meta importante es la dibujada por ellos mismos  y no la que hay al final donde se montan los palcos de verdad. Desde principios de verano, los niños comienzan a crear sus casetas de apuestas; casetas de todos los tamaños y colores que con mucha ilusión elaboran para el gran día. Inspiradas en monumentos históricos, dibujos animados, palacios de Disney o cualquier fantasía tan soñada por los mismos. Al comienzo de la tarde montan sus tenderetes con cajas de cartón, mesas y todos los elementos decorativos que cada uno de ellos quieran añadir, lo que provocará que el puesto más bonito, original y trabajado llame más la atención y consiga un número amplio de clientes.

Las papeletas, escritas a mano por todos estos pequeños participantes, están rellenas con el número del caballo por el que apuestan en la competición, cada una por un precio de venta que no supera la cantidad de 1euro, oscilando así entre los 0,10 céntimos y los 100. La ilusión y felicidad por el momento se refleja en sus caras, lo importante es participar y disfrutar de una mágica tarde. Además, se han inscrito en un concurso y el ganador podrá recibir premios y un diploma.

La distancia desde la línea de salida y de la llegada que han de correr los caballos participantes en la carrera es de 1.000 a 1.900 metros, dependiendo de la línea de inicio de la carrera que se fija con la situación de los cajones de salida.

Cae la tarde y baja la marea. Son las 19:30 y suena la señal de salida que da comienzo a la carrera. Miles de personas ansían la salida. ¡Comienza la carrera! Un land rover de la Guardia Civil abre camino a los participantes, pasando a gran velocidad por delante de los jinetes.

El juez de salida se sitúa en la línea, alza la mano y mece la bandera que señala el comienzo de la carrera. Los cajones de salida se abren, los jockeys salen cabalgando y algunos con sus prismáticos van anunciando quien va en el primer puesto: ¡El número 6 va en cabeza!, gritaba un espectador. "¡El de amarillo va el primero!" "¡Ese es el mío!" anunciaba otro con mucho ímpetu. Los concurrentes gritan los números de sus caballos apostados y animan a sus jinetes cuando pasan por delante de sus ojos: "¡Vamos número 2!" voceaba un niño. Hay quien tiene sus manos ocupadas con prismáticos, y quienes prefieren guardar una imagen del momento y la capturan con sus máquinas fotográficas.

Se escucha el rugido del trote de los caballos. Jockeys con fustas en mano empujan a sus caballos a hacer un último esfuerzo para conseguir la gloria. Los niños saltan entusiasmados. El que ha tenido la suerte de ganar acude presto a su casetilla improvisada para cobrar su apuesta ganadora. Los que no han tenido la misma suerte son animados por sus padres, quienes le dicen que a "la próxima será".

Las carreras vividas en primera línea de playa son las que la mayoría del pueblo disfruta, ya que después se encuentran las apuestas oficiales en las que otro porcentaje de personas disfrutan del momento en sus gradas.

Este ritual se repite cada año durante el mes de agosto, realizándolo en dos ciclos y haciéndolo coincidir con las mareas bajas para que el improvisado hipódromo tenga un piso adecuado para los cascos de los caballos. Convirtiéndose en un espectáculo cada vez más popular, admirado y de interés para todos los públicos.