Un samurái a orillas del Guadalquivir

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La Villa de Coria del Río está situada en la margen derecha del Río Guadalquivir a una distancia de unos 12 kilómetros de Sevilla aproximadamente. Se encuentra situada en la zona de contacto, de tránsito entre tres comarcas diferentes como son el Aljarafe, La Ribera y la Marisma, esto hace que Coria del Río tenga una privilegiada situación.Es uno de los pueblos con más encanto de la provincia de Sevilla. El Guadalquivir es el elemento fundamental del pueblo, pues en torno a él ha girado, y sigue girando su historia, sus actividades, tradiciones, sus riquezas y también, en ocasiones, sus inconvenientes, como las importantes riadas. El río ha sido testigo desde tiempo antiguo del paso de distintas civilizaciones. Indicios apuntan a que los fenicios establecieron en Coria un importante puerto fluvial con factoría. Este puerto fue aprovechado posteriormente por los romanos en su actividad pesquera y comercial.

Y es que en Octubre de 1.614 llega a Coria del Río la Embajada Japonesa que partió desde el pueblo de Sendai.Porque si hay algo que hace a este pueblo digno de mención, es aquella embarcación que hace más de 400 años arribó a las orilla de Coria. Una atrevida expedición japonesa que recorrió más de 20.000 kilómetros desde Sendai hasta Coria del Río. La Expedición Keicho, que así se llamaba,  estaba liderada por el samurái Hasekura Tsunenaga que pretendía entablar relaciones comerciales con España y para ello tenían que llegar a Madrid, no sin antes pasar por Sevilla, puerto internacional donde los hubiese.

Desde siempre esta historia ha sido inculcada entre los habitantes de este pueblo. Más aún, si esta historia dejó consigo no sólo rastro cultural, sino genético; pues muchos de los corianos se apellidan Japón por tener ascendencia de aquellos que un día llegaron en esa expedición. Por lo tanto, visita obligada en Coria del Río es la estatua erguida en honor a aquel samurái que, a día de hoy, ha hecho posible el hermanamiento con la ciudad de Sendai y que es una gran vía turística para esta villa.

Se encuentra en el Parque Carlos de Mesa, por supuesto justo en frente del embarcadero, un lugar privilegiado para su disfrute cuando paseamos por el paseo fluvial.

Coria tiene ese encanto especial de pueblo que ha sido capaz de conservar costumbres antiguas sin olvidar la modernización. Pues sigue habiendo pesca tradicional del albur, un pescado típico de aquí y que incluso tiene su propia fiesta de primavera en el calendario coincidiendo con el carnaval. En esta fiesta, el Ayuntamiento invita a los corianos a tomar albures. El albur es un pez cogido del Guadalquivir, y en esta fiesta se llegan a repartir unos 1000 Kg de albures fritos. Sin olvidar que justo a la salida del parque no encontraremos con puestos de venta ambulante de pescado y camarones. Por si tenemos ganas de cocinar algo rico en casa.

El parque es el entorno ideal para disfrutar de una buena comida si el tiempo acompaña. El Kiosco Alfaro que está justo dentro del parque sería la mejor opción. La cocinera es excelente y las recetas merecen la pena. Es un lugar de referencia para aquellos que quieran disfrutar de las vistas del río, mientras están en un entorno con encanto.

Ya en el casco antiguo de Coria,  podemos ver en sus iglesias la devoción que hay por la Semana Santa y cómo las hermandades lucen orgullosas todo el año las imágenes con sus mejores galas. Un verdadero espectáculo verlas ‘procesionar’ por las estrellas calles, arropadas por el calor de su gente y sintiendo la tradición y la magia de esta fiesta. Tanto es así, que es en la Ermita del Cerro donde se encuentra unas de las tallas más antiguas de la provincia. De origen romano, un pequeño y envejecido Cristo crucificado que sobrevivió a los incendios de las iglesias durante la Guerra Civil. Para poder verla, tendremos que subir treinta tres grandes escalones hasta llegar a la cima más alta del pueblo. Las mejores vistas de Coria del Río están aquí.

Llegados a este punto debemos tomarnos nuestro tiempo para sentir y apreciar la calma que se respira en el lugar. Y si tenemos la oportunidad, quedarnos hasta el atardecer y ver cómo las calles comienzan a iluminarse de un tono ámbar mientras el sol naranja da paso a al manto oscuro de la noche.

Debemos seguir callejeando un poco antes de buscar un buen sitio para comer. Para ellos volveremos a bajar las escalera de El Cerro y no adentraremos hasta llegar a la Parroquia de la Estrella. La verdad que nada tiene con ver con las arquitecturas a las que nos tiene acostumbrado Sevilla. Tiene un aire muy de Coria, se podría decir, pues goza de los azules y amarillos que encontramos por todo el pueblo.

La verdad es que es un pueblo que se hace querer mientras más lo conoces. No tiene grandes monumentos, ni un turismo internacional (más que el japonés) pero es en los pequeños detalles donde Coria enamora. Sea cual sea el punto donde te encuentres, si andas en línea recta con la sensación de ir hacia abajo, acabarás en el parque.

Hay un lugar en particular que me gusta bastante, que es la ‘plazoleta’  de La Soledad. Aquí se guarda a la Virgen de la Soledad, custodiándola la Hermandad de nombre homónimo. Su plaza es un lugar ideal para descansar un poco, pero es que a poco más de 300 metros tenemos otra plaza, del Rocío, donde podemos comer muy a gusto y reponer fuerzas.

Y es que Coria tiene mucha tradición rociera. Quizás sea la fiesta más importante en este pueblo y lo podemos ver en algunas calles que tiene aparcadas las carriolas durante todo el año esperando a que queden pocas semanas para tenerlo todo a punto. Una tradición muy pero que muy coriana, todo hay que decirlo.

Coria del Río no va a aportarle al visitante cuando entre al pueblo la sensación de que está ante un pueblo con historia, pero tal como comience a andar un poco y empiece a ver las particularidades que tiene, todo serán preguntas de por qué está eso ahí, o por qué es de esa manera.

¿Y si queremos hace un poco de deporte? Pues nada mejor que hacer el sendero completo del bajo del Guadalquivir que llegar hasta los arrozales de La Isla. Podemos hacerlo andando, en bicicleta o paseando al perro. Ahora en invierno está un poco vacío por el mal tiempo, pero en verano es un lujo hacer ese camino y encontrarte a muchísima gente paseando a la vez que tú.

Mi recomendación es entrar por el desvió que nos encontramos hacia la izquierda y así accedemos con el coche justo a la entrada del paseo fluvial. Si por el contrario venimos en autobús, debemos bajarnos en la parada de ‘Los clavales’ que es la que se encuentra en a la entrada del parque. Ambas son válidas para llevar el orden de la ruta que he intentado marcar con lo más destacable, pero vuelvo a decir que Coria enamora cuando sientes de verdad dónde te encuentras.

Coria es mirar al río, sentir el viento en tu cara, respirar y sentir la naturaleza.