La Pequeña África

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El nuevo Zoo “La pequeña África” es un entorno donde los animales se encuentra en un régimen de libertad o semilibertad. Este espacio de Jimena de la Frontera, Cádiz, cuenta con animales de los 5 continentes. En un entorno totalmente salvaje donde los animales pastan libres, siendo parte del ambiente armonioso que rodea al pueblo.

Este zoo ofrece la oportunidad de disfrutar de la naturaleza en su estado salvaje, ya que dispone de las instalaciones necesarias para que sus animales puedan campar en condiciones de libertad al 99%.

Pero este lugar natural oculta un detalle que pocos conocen. Los animales con los que se conforma este zoológico de más de 25 hectáreas son aquellos que Juan Antonio Roca tenía en su poder y que tras la operación Malaya se les fueron requisados. Mediante el proyecto “Reserva animal Pequeña África” estos animales campan en libertad junto a otras especies que también fueron desahuciadas en diferentes entornos de nuestro país. Asimismo cuenta con animales que provienen de circos, juguetes rotos que ya no sirven para el espectáculo y no saben qué hacer con ellos al igual que aquellos zoológicos que han echado el cierre y tampoco conocen dónde ubicarlos. Para todos ellos hay un espacio y una vida mejor en “La pequeña África”. La reserva también aloja puercoespines del Cabo, muflones, ponys, burros y gallos de pelea decomisados que ahora reciben a los visitantes correteando alrededor de ellos sin miedo a que les obliguen a pelear. Otros ejemplares han sido donados por particulares que después de ver las condiciones en las que se encuentran han decido que en este paraje natural tendrán una mejor vida.

También es muy curioso cómo estas hectáreas pertenecen a un antiguo cazador que con el paso del tiempo y después de tener en su casa miles de trofeos de caza y llenar las paredes de cuernos de ciervos se dio cuenta de que la belleza de los animales erradica en su libertad.

Entrar en esta reserva es como traspasar a un mundo lleno de armonía sin contaminación, coches, ruidos incómodos, gritos o pitidos. Se escuchan los pasos de los animales que van detrás de ti esperando una recompensa. Antes de comenzar el paseo nos ofrecen un paquete de pienso para que le demos de comer a los distintos animales y se ve que ellos han aprendido bien rápido, te sientes observado como si de un guardaespaldas se tratase, te acompaña allí donde tú vas.

Más de 900 animales, mamíferos y aves se pueden ver en este paraje, donde se observa su comportamiento y belleza desde bien cerca. El hecho de la semilibertad hace que los visitantes se sientan más en relación con la naturaleza, y es que la reserva ofrece una forma nueva de poder ver y observar a las especies cambiando por completo el concepto que otros parques ofrecen. Con este sistema se ofrece un bienestar animal además de una educación ambiental.

Distintos carteles van guiando a los visitantes, siguiendo las flechas uno puede estar en un continente y de repente en otro. Una cabra de 4 cuernos avisa de que nos encontramos en un continente distinto al nuestro, y es que Asía cuenta con una variedad de especies bien curiosas entre ellas este tipo de mamífero de cuatro astas. Lo curioso es que al lado de ella podemos reconocer a aquella pequeña cabrita que acompañaba a Heidi en sus aventuras, y es que al encontrarse en libertad por mucho que se intente mantener a los animales dentro del recinto de cada continente ellos se juntan.

Cuando se pasa a una explanada en medio se puede ver un corral en el que campan a sus anchas conejos, cabras y ovejas. Los niños sin miramiento corren detrás de los conejos, su objetivo: cogerlos de las orejas y enseñárselo a sus padres. Hay un conejo que especialmente llama la atención blanco como la nieve y blandito como el algodón se lleva todos los achuchones de los más chicos y de los que no era tan chicos. Mientras una niña de unos 6 años agarraba al conejo le preguntaba a su madre “¿Nos lo podemos llevar? Es que es tan bonito…” la madre entre risas le contestaba que no, que el sitio de ese animal era allí. Pero lo cierto es que esta reserva contempla la opción de compra de algunas de sus especies. En concreto de aquellas que pueden pastar en el campo como son las ovejas o cabras. Ese conejo que la pequeña tenía en brazos también estaba en venta.

Para poder acceder a la compra solo hay que comunicarlo por internet, actualmente la página web se está remodelando y esta sección en concreto se encuentra cerrada ya que están preparando una lista de los animales que se pueden adquirir.

Una larga cuesta anunciaba que nos dirigíamos hacia otro continente, pero en este caso estábamos equivocados, nos estábamos acercando al lugar donde la reserva tenía sus aves. El calor y el cansancio planteaban sin subir o no esa cuesta, a modo de salvación llegó un tractor que remolcaba un vagón y era así como los visitantes podían recorrer aquellas partes de la reserva que costaba más a pie y sobre todo para los más pequeños.

Antes de continuar con la excursión nada mejor que parar en el merendero a retomar fuerzas. Una pequeña carta sobre la mesa con cinco o seis tipo de comida sería el almuerzo. Poca variedad pero comida de lo más casera, arroz, carne con tomate, chorizos… Tras este descanso era hora de retomar el camino.

Mientras nos colocaban en distintas rocas nos avisaban de que no hiciésemos aspavientos ya que esto podía asustar a las aves, en breve daba comienzo la exhibición de estos animales voladores.

Por la cabeza de todos lo allí presente se paseaban, águilas, búhos, halcones y lechuzas. Sus alas rozaban la nuca de alguno que otro. Todos con cámara en mano pretendían captar ese momento justo en la que el ave pasaba al ras de cada uno de ellos. Un despliegue de elegancia en el vuelo y habilidad para sortear a aquellos desconocidos que se encontraban fundados en las rocas con ojos de asombro, fue lo que demostraron cada una de esas aves rapaces.

Los más valientes, tras esta exhibición, querían probar la sensación de sentirse en el aire, de volar. Una tirolina en lo alto de esa reserva hacia los sueños realidad. Un continuo flujo de gente, y gritos, iban bajando por esa cuerda ataviados con un casco y un arnés. Muchos de ellos llegan con cara de miedo, a otros la risa le camuflaba sus nervios. Bajo esa tirolina, graznaban los patos blancos que resaltaban sobre un lago azul transparente.

Las horas iban pasando y la visita se iba acabando. Pero este día no podía acabar sin ver y hacerse la foto correspondiente con las crías de león y tigre, que como si con ellas no fuera la cosa jugueteaban con sus cuidadores. Hacían caso omiso a la ráfaga de luz que en un momento invadió su tranquilidad, ellas solo querían jugar.

Ya era momento de regresar a casa y volver con nuevas experiencias y conocimientos. Saliendo por la puerta un pequeño rubio de 3 años cogió de la mano a su madre y le dijo “¡Mamá que me tengo que despedir de mis amigos lo conejos!”, y sin duda alguna esa madre se dio la vuelta y volvía al corral del principio para que el pequeño Manuel se pudiese ir tranquilo a casa.

 

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