Tiempo muerto en Beijing

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Perder el autobús para asistir a clases, el taxi para llegar a tiempo al trabajo o permanecer en un atasco durante horas son situaciones que causan estrés a diario en la vida de cientos de españoles. Sin embargo, este estrés puede incrementarse o disminuir considerablemente dependiendo del país y de la magnitud del atasco.

Mientras que en España un embotellamiento de una o dos horas desata los nervios de cualquier persona consciente de la pérdida de tiempo que esto genera, en China, y más concretamente en Beijing, este hecho parece carecer de importancia para la mayoría de los conductores chinos.

Las dificultades en el tráfico de las carreteras españolas pueden parecer una broma comparadas con las de esta ciudad, donde los chinos acostumbran a pasar, día tras día, mes tras mes y año tras año, largas horas delante del volante sin poder avanzar a penas unos metros.

Con una población de casi 20 millones de personas y millones de vehículos, Beijing es una de las ciudades con mayor cantidad de atascos. De hecho, la metrópoli asiática albergó en 2010 el mayor embotellamiento del mundo, en el que millones de personas quedaron atrapadas entre 50 carriles a lo largo de más de 100 kilómetros durante once días. Con estos datos, resulta inevitable pensar en la contaminación que generan, entre otros factores, esta cantidad de vehículos.

La polución en China ha llegado a niveles extremos e impide, debido a una densa niebla, divisar los edificios a más de un par de metros. Tanto es así, que el gobierno chino decidió “bombardear” el cielo de Beijing en los días previos a la celebración de los Juegos Olímpicos de 2008 para dispersar las nubes e impedir que lloviera y también para limpiar la ciudad.

Conocer los valores de contaminación de Beijing, además de otras ciudades chinas como Shanghai y Guangzhou donde el uso de mascarillas se hace necesario, es posible gracias la descarga gratuita de Air Quality China, una aplicación para móviles de gran utilidad que proporciona estos datos en tiempo real.

Más allá de esta polución, Beijing reúne una serie de sitios fascinantes de obligada visita para el turista entre los que destaca la Gran Muralla China. Esta muralla, de más de 20.000 kilómetros, está considerada una de las siete maravillas del mundo moderno junto al Coliseo de Roma, el Taj Mahai, en India y la ciudad de Petra (Jordania) entre otras.

Mientras que la subida a la Gran Muralla se realiza en teleférico o telesilla, dependiendo de la zona que se desee recorrer, el viajero tiene la posibilidad de descender en tobogán, una rápida atracción construida entre árboles y bordes de montañas que permite contemplar espléndidos paisajes y ahorrar energías para la siguiente visita.

Junto a ella, la Ciudad Prohibida, antiguo hogar de emperadores, el Templo del Cielo, nombrado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998 y la enorme Plaza de Tiananmén, conocida por las famosas manifestaciones de estudiantes en la República Popular China en 1989, constituyen los grandes iconos de la ciudad.

Una vez finalizada la jornada de turismo, cuando las tripas ya crujen, el viajero no debe olvidar pasar por el mercado de alimentos nocturno de Wangfujing, una zona tradicional de Beijing donde degustar auténticos manjares chinos como escorpiones, arañas, larvas o estrellas de mar. ¿Te atreves?

 

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