Resurgir de las cenizas, como el 'Ave Fénix'

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Resurgir de las cenizas, como el 'Ave Fénix'

Febrero 10, 2017 - 04:20
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Canon. Muerte que supera a la muerte y vida que la conquista a través de la caricia

Foto: Santiago Molina

Amanece un poco más temprano. La grúa gira en dirección al sol y se apagan las luces; empieza una nueva función. Las persianas se levantan con otro sonido, algo más añejo tal vez. Las gotas de lluvia descansan aún reflejadas en cada cristal como magulladuras de un invierno que, se va. La flor está naciendo y la palabra, muere. El sermón resucita al naranjo y el cielo empieza a teñirse, otra vez de azul; naranja, rojo. Nace el fruto, de su mismo vientre. En el arcén de la madurez, los vencejos ya comen su semilla abriendo de su pecho el aroma, la esencia que suena en la reminiscencia que todos, todos añoramos.

“Amor omnia vincit”. Todo lo puede y lo cura. Y sí, bendita locura. Está volviendo a sonar. Son las teclas del piano que un día se rompieron para conseguir de nuevo, componer la melodía que le da sentido a una forma de vivir.

No se contar los días para volver a sentirte conmigo. Perdí la cuenta como lunas llevo en las espaldas en las noches frías. Todo en torno a ti, como si se tratase de volver a un estado constante de esperanza. Se ha dejado caer, rutina que rompe los esquemas de la vida y que poco a poco, consigue hacernos invencibles. Ha vuelto a llorar la fuente del rincón que nadie se para a comprender pero que cuando te tumbas a mi diestra y consigo hacer que mi corazón se una con el tuyo, todo le cobra sentido.  

Efímero y pulcro, fluye. Una intención que desboca en sueños que se hacen realidad. El de llevarte de la mano, el de conquistarte, el de cuidarte y besar en las mañanas la estampa que tengo grabada desde ese día en el que me pediste que me quedara contigo.

Tu sonrisa aparece de nuevo reflejada en el cristal, una estrella. Cuatro jarras de azucena descongelan un tiempo marchito escondiendo una humareda de gracia que levantan la pasión. Inviolable refugio de abrazo y de añoranza. Esquinas que tienen nombre y lunares que portan de apelativo, arte. Mirada de embrujo, seductora de la soledad melancólica de la “soleá”. Cántico inocente que despierta al espíritu y vuelve, para volver a volver. Siente el anhelo, está aquí.

Ha vuelto a resurgir. Alegoría del alma. Posiblemente, se pidiera. En cada puerta un dibujo y en cada armario, un telón. Hablando de cenizas, no queda nada. 

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