Plácido y Maribel: los biólogos de la Cañada de los Pájaros en lucha contra la extinción

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Plácido y Maribel: los biólogos de la Cañada de los Pájaros en lucha contra la extinción

Junio 11, 2018 - 18:34
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  • Han evitado con décadas de trabajo la desaparición de la focha cornuda en Europa y liberado más de 1200 ejemplares
  • La grulla común, que dejó de anidar en Doñana hace 63 años, es ahora otro de sus objetivos de recuperación

Plácido Rodríguez y Maribel Adrián son los propietarios de la Cañada de los Pájaros. Foto: Déborah P. M.

Todo comenzó con un pequeño nido en 1988, donde yacían seis huevos grisáceos. Era aparentemente tan solo una puesta de focha común, y como tal la entregaron los agentes forestales a la pareja que se hizo cargo de ella. No era la primera vez que los guardas daban a este matrimonio de biólogos, Plácido y Maribel, animales abandonados, en peligro, enfermos, heridos,… Especialmente aves. Aun así, esa vez es diferente.

La historia de aquel pequeño nido da un giro al nacer los polluelos, que resultan ser crías de focha cornuda, un ave acuática que, en aquel momento, se daba por extinguida en Europa. Con paciencia, cariño y mucha sabiduría, estos amantes de la naturaleza logran finalmente criar y conservar una pareja de estos raros animales, algo que nadie había conseguido antes. Sin embargo, poco a poco comienza a haber rumores: su logro no gusta a todo el mundo. En aquel entonces la cría en cautividad no estaba bien vista y se interpretaba como una injerencia dañina para la especie, aunque de lo que se tratase fuese de evitar la extinción. El tiempo pasa y los dos polluelos de cornuda se convierten en varias decenas, que a su vez se traducen en una suelta pionera de 22 de estas aves al medio natural en 1992. El resto es historia. La apuesta de estos dos biólogos por la recuperación de la focha cornuda ha dado fruto y a día de hoy, tras lograr una mejora genética mediante el cruce con cornudas marroquíes y haber liberado ya más de 1200 ejemplares, esta especie puede verse en todos los humedales andaluces. Aunque sigue estando en peligro, su situación ha dejado de ser trágica para dejar paso a la esperanza.

El mismo año de esa primera suelta abre al público la Cañada de los Pájaros, la otra gran historia de esfuerzo y tesón que comparten Plácido Rodríguez y Maribel Adrián, sus dueños, en el sevillano municipio de La Puebla del Río. Persiguiendo su sueño de crear un entorno seguro para las aves acuáticas de la Comarca de Doñana, el matrimonio compra un terreno de 7,5 hectáreas, antigua cañada, que por entonces no era más que una gravera abandonada utilizada popularmente como basurero improvisado. Hasta cuatro años transcurren mientras limpian, acondicionan y repueblan el lugar con las especies vegetales (eneas, etc.) que los pájaros necesitan para anidar e instalarse. Cuando finalmente la zona está adecuada para acoger a sus nuevos inquilinos, empieza el espectáculo: por la Cañada, que acaba de cumplir 30 años, han pasado y pasan miles de aves de diversas especies. Garzas, flamencos, ánades,… Muchas son comunes y gozan de una población normal, pero Maribel habla también de otras especies en peligro de extinción. “Además de la cornuda están también en peligro el porrón pardo y la cerceta pardilla. Estas tres son de las más importantes con las que trabajamos.”

La falta de colaboración de la Junta de Andalucía en la conservación y recuperación de muchas especies, cuenta Maribel, es la culpable de los pocos medios con los que se cuenta en Andalucía para mejorar en entorno de Doñana y su fauna, amenazada por la paulatina degradación de los hábitats. “Solo importan las especies que traen dinero de Europa, el resto ya se puede extinguir que no pasa nada.” Por eso, Plácido hace hincapié en el carácter privado de la Cañada, que subsiste casi exclusivamente mediante los ingresos que obtienen de las visitas turísticas y educativas al lugar, el primero de toda Andalucía en ser declarado Reserva Natural Concertada. De quienes sí reciben ayuda es de los agricultores arroceros de la zona y empresas como Islasur que donan, respectivamente, arroz y sobrantes de pescado como alimento para las aves. “En algunos casos es un favor mutuo”, dice Maribel, “lo que para una empresa pueden ser residuos de los que debe deshacerse, para estas aves es justo lo que necesitan”.

Otra de las aves con las que trabajan es la grulla común, que dejó de anidar en Doñana en los años 50 tras los sucesivos intentos de desecación de humedales que llevó a cabo el Régimen, tratando de frenar la malaria. La destrucción de sus hábitats llevó a las grullas a dejar de aparecer como nidificantes en la Comarca de Doñana, algo que desde la Cañada han trabajado estos últimos años por cambiar. Maribel cuenta cómo ocurrió todo: la oportunidad se presentó tras curar a dos grullas heridas, que al encontrarse se convirtieron en pareja y criaron. Algunos nacimientos después, una de las parejas resultantes hizo algo que sorprendió a muchos: haciendo uso de la memoria histórica de la especie, empezó a anidar en los mismos lugares de Doñana en los que lo hacían sus antepasadas, más de 50 años atrás. Sin embargo, este intento no tuvo buenos resultados, ya que ninguna cría llegó a sobrevivir a la ‘saca de las yeguas’. Se especula con que el estrés y el movimiento de humanos y equinos habría podido acabar con los polluelos. Este año se ha producido el milagro, la pequeña ‘Doñana’ ha sobrevivido a la ‘saca’. Se trata de la primera cría de grulla que prospera en Doñana desde hace 63 años,  y que ha sido bautizada como el Parque que la acoge, consiguiendo de paso un nuevo éxito para Plácido y Maribel.

Dejando a un lado las labores de recuperación o cría, en la Cañada buscan también especialmente “concienciar y sensibilizar” sobre la situación de los humedales y de las aves que los pueblan. Los propietarios destacan este cometido porque solo así, entienden, pueden mejorar las perspectivas de futuro de la fauna con la que trabajan. Si el medio que necesitan para desarrollarse desaparece, los animales desaparecerán con él.

Aunque la crisis, reconoce Maribel, les afectó también a ellos, la situación va mejorando y el turismo sube. Además de los visitantes usuales, acuden a la Cañada de los Pájaros colegios, en excursiones didácticas, o estudiantes de biología en prácticas, que colaboran durante un tiempo. Ellos son testigo del trabajo diario que se lleva a cabo, especialmente en primavera, cuando habitaciones de la propia vivienda de estos dos biólogos se convierten en casa de acogida improvisada de polluelos de toda clase, que necesitan un empujón extra para salir adelante. No solo de aves se ocupan Plácido y Maribel, también hacen lo que pueden por cualquier animal abandonado o herido que llega a sus manos. Junto a los pajaritos que revolotean tan campantes por las dependencias de la familia cohabitan hasta erizos. De los dos que tenían este otoño, uno ya ha vuelto a la naturaleza pero el otro, marroquí, no podrá hacerlo. Al no ser endémico de la zona nunca podrá ser liberado. Plácido comenta “Es lo que ocurre con los caprichos, la gente compra animales como si fuesen objetos. Cuando se aburren los desechan.”

De los casos más dramáticos que han tenido, cuenta Plácido, son aquellos en los que han tenido que hacerse cargo de perros que la gente había tirado por encima de la verja para deshacerse de ellos. Como no pueden quedárselos, terminan repartidos por casas de familiares, amigos o, si no queda más remedio, en la perrera. Mientras habla, un pequeño perro muy nervioso da saltos y corretea fuera de la propiedad. Alguien lo ha abandonado frente a la puerta. Aprovecha que la gente sale para acercarse y tratar de llamar la atención. Quién sabe si busca cariño o comida, o cuánto tiempo llevará sin ambas cosas.

Maribel recuerda otros casos duros pero con final feliz, como el de una espátula que en 2005 llegó a la Cañada hambrienta y cubierta de parásitos. Tras su recuperación, llegó a confiar tanto en sus salvadores que comía de sus manos. Mucho antes, durante la mortandad del 86 que azotó Doñana, una cerceta acabó en sus manos, agonizante. Estuvo en coma un mes hasta que, finalmente, salió adelante.

Algunas de las aves que se pasean por las lagunas de la Cañada son descendientes de otras que alguien llevó en algún momento tras encontrarlas abandonadas o enfermas. El matrimonio saca adelante todo el trabajo que da la Reserva, sin más ayuda que la que ofrecen algunos voluntarios ocasionales, el empleado de mantenimiento y una recepcionista. Lo que tienen claro es que no pueden dejar de trabajar ahora. La focha cornuda por ejemplo, de la que han conseguido liberar exitosamente tantos cientos de ejemplares, sigue aún en estado crítico, afirma Maribel. No es momento de bajar la guardia.

Siempre en la lucha contra la extinción, una de las acciones más espectaculares que llevan a cabo se realiza el 2 de febrero, Día Mundial de los Humedales. Se enmarca en las actividades de la Carta Europea de Turismo Sostenible, a la que pertenece la Reserva Natural de la Cañada de los Pájaros. En 2018 la celebración se traslada al sábado siguiente, día 3, para facilitar la asistencia de pequeños y mayores. Talleres para niños, charlas,… El momento álgido llega a las 12 de la mañana, cuando, tras la lectura de un manifiesto por parte de los padrinos del evento,tendrá lugar la habitual suelta de aves de especies en peligro de desaparecer. Como mínimo se espera liberar 300 ejemplares, entre cornudas, pardillas y porrones pardos. Así, poco a poco, la Cañada de los Pájaros libra su batalla contra la extinción.

Ver: https://www.youtube.com/watch?time_continue=3&v=B5B2j4fEvgc Sonido de pájaros en el humedal de la Cañada.

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