La memoria del olvido

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“Ahora sólo quiero recrearme en la memoria del olvido”. Estas son las palabras de Juan Cervera Sanchís, un ávido periodista y sentimental poeta loreño con alma mexicana.
 
Juan Cervera estaba destinado a trabajar en el campo. Hijo de un republicano asesinado a manos de los nacionales y una ama de casa sin recursos para ofrecer una educación a sus dos hijos, Juan supo buscarse la vida desde muy “chiquito”, como él mismo dice. “Tuve la suerte de que jugando con otros niños me cayera a un pozo y me partiera el brazo izquierdo, y es que como digo siempre, no hay mal que por bien no venga”, explica Juan mientras bebe un sorbo del café.
 
A los ocho años ya se encargaba de las cuentas de una compañía loreña, aunque su madre era la que ostentaba el cargo de representante. “No tenía acceso a una educación, era pobre, por lo que tuve que buscar otra forma de aprender. Mi amigo Juan Vilanova me prestaba los libros de Bachiller y ahí fue cuando descubrí a Góngora y Quevedo”.
 
A los catorce años se enamoró de una loreña de una clase social superior a la suya, y fue la musa que inspiró sus primeros poemas de amor. “No sé ni tan siquiera si ella se enteró que estaba enamorado de ella”, cuenta entre risas, “pero yo la idealicé y empecé a escribir mis primeros poemas sin que nadie lo supiera”.
 
Un año después, ya escribía como corresponsal para el Correo de Andalucía y ABC. “Al principio escribía reseñas sobre fútbol con las que firmaba como Juan Penalti, y reseñas sobre toros que firmaba como Juan Estoque”.
 
“Donde realmente descubrí la poesía fue en Carmona. Barbero recitaba Profecía, y yo me quedé encandilado de tal belleza”. Fue en ese instante cuando decidió saber algo más sobre el mundo literario y buscó a un loreño inmerso en el tema, quien le prestó numerosos libros de poesía.
 
A los 27 años se inicia en el mundo literario con Canciones del muchacho que veía venir la muerte. Poco después, envió sus poemas a varias revistas españolas dedicadas a la literatura y empezó a publicar en la revista Caracola de Málaga, o incluso en El Caracol Marino de México.
 
Fue entonces cuando dio el salto a América. Empezó a publicar en Centroamérica, concretamente en Costa Rica y en México. Una muchacha joven y médica, se enamoró de uno de sus poemas y le envió una carta. Continuaron carteándose durante dos o tres años, hasta que ella le confesó que se había enamorado de él y quería conocerlo. “Yo no tenía dinero, pero ella me mandó el dinero para que fuese a verla”.
 
Se enamoró perdidamente de Axaí, que era el apodo que él había inventado para ella y el que usa en todos sus poemas. “Todavía recuerdo el día en que llegué al aeropuerto. Fue el 7 de enero de 1968, ella me esperaba con un traje de pana verde, era la primera vez que nos veíamos, pero nos besamos como si llevásemos haciéndolo toda la vida”.
 
Axaí lo llevó a conocer al poeta León Felipe que al leer sus poemas le dijo que se quedaría allí en México escribiendo. “Te quedas en México, mañana vendrá una amiga que lo arreglará todo para que puedas quedarte a vivir aquí”, le dijo León Felipe a Juan.
 
Esa amiga no era otra que la esposa del ministro de gobernación, quien se encargó de arreglarlo todo para que el poeta y periodista se quedase en México. León Felipe se encargó de que Juan Cervera pudiera escribir en el periódico El Día. “Por ese entonces publicaban un suplemento llamado El Gallo Ilustrado. "Me dieron toda una plana y ahí fue cuando empecé mi carrera como periodista en México”.
 
Posteriormente escribió en El Nacional recomendado por el hijo de Largo Caballero. “Mis primeras entrevistas no fueron con cualquiera. Entrevisté al pintor Rufino Tamayo, a la escritora Rosario Castellanos o incluso al director de cine Luis Buñuel. “Recuerdo cuando entrevisté a Luis Buñuel y me preguntó si había visto alguna de sus películas, a lo que respondí que no. Se enfadó, pero le leí uno de mis poemas y aceptó que continuáramos la entrevista”. Además, empezó a hacer críticas de libros y una columna de humor llamada “El Periquillo”.
 
Juan Cervera fue el iniciador en México de las críticas y notas sobre televisión. “Nadie quería hacerlas cuando comenzó la televisión, la desprestigiaban, y me propusieron hacerlas a mí, y acepté. Hacía muchas críticas del Canal 13, que era el canal del Gobierno. Eran muy leídas por los propios jefes de la cadena, por lo que un día me propusieron ser el jefe de prensa del Canal 13. Al principio dudé porque no sabía si iba a poder seguir escribiendo para el periódico, pero ellos me dieron la posibilidad de poder seguir con ambas cosas”.
 
Además de ser el jefe de prensa del Canal 13, fue guionista de un exitoso programa de televisión mexicano llamado “Los 64 millones”. “No sabía hacer guiones, pero me enseñaron y comencé a hacerlos, junto con las cuestiones de las preguntas del programa”.
 
Acudió como jurado a programas como “Siempre en domingo” y a numerosos festivales de música. Además, cubrió en numerosas ocasiones “Señorita México”, que era el concurso oficial para escoger a las candidatas de los concursos Miss Universo y Miss World. “Lo que peor llevaba era viajar por tierra, ya que en México secuestran camiones y hay mucho peligro en las carreteras, por lo que casi siempre viajaba en avión. Desde luego, viajar era lo que más me pesaba”.
 
Sanchís ha entrevistado a personajes de la talla de Raphael, Miguel Bosé, Rocío Dúrcal o Rocío Jurado. “Rocío Jurado me pedía que acompañase a su madre mientras ella actuaba porque no le gustaba que se quedase sola”.
 
El programa “Siempre en domingo” fue el impulsor de artistas como Shakira o Julio Iglesias, de quienes Juan Cervera escribía críticas.
 
Las entrevistas que más han marcado a Juan han sido las del pintor David Alfaro Siqueiros, quien contó a Cervera distintos detalles sobre la Guerra Civil española, y la de Manuel Rodríguez Lozano, un pintor homosexual mexicano que le dio pistas interesantes sobre la aristocracia española.
 
A la pregunta de qué es lo que más le ha gustado de todo lo que ha escrito responde, “lo que no he escrito todavía”.
 
Hace dos años regresó a su pueblo natal, Lora del Río (Sevilla) por una promesa que hizo a su amada Axaí. “Le prometí que cuando muriera volvería a mi tierra natal, y aquí estoy. Las promesas a los muertos valen mucho, y yo soy un hombre de promesa”.
 
Actualmente, sigue escribiendo quincenalmente en el periódico mexicano La Voz del Norte , pero ahora él solamente piensa en recrearse en su propia memoria del olvido.