La final del surrealismo, sin fecha ni estadio

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Boca Juniors y River Plate se preparaban el sábado para coronar al campeón de América en la que era una de las mejores finales de la historia. Los dos mejores clubes del continente se enfrentaban en el mejor escenario, pero la final del mundo pasó a ser la final de la verguenza. El partido de ida fue un encuentro para el recuerdo con un 2-2 vibrante en La Bombonera con los goles de Benedetto, Wanchope, Pratto e Izquierdoz en propia puerta y todo se decidiría en el Monumental. En la previa del encuentro ambos equipos hablaban de su importancia y de todo lo que depararía la victoria para uno y la derrota para el otro, pero Argentina tenía el miedo de que algo pudiera arruinar todo, y eso sucedió. El país perdió su gran oportunidad de demostrarle al mundo el superclásico con un episodio lamentable durante la tarde del sábado.

El Monumental abrió las puertas de su estadio 4 horas antes del encuentro (a las 17:00 hora española) y al poco tiempo comenzaron los revuelos en los aledaños del estadio. Personas sin entrada buscaban entrar al Monumental, la policía estaba desbordada debido a su pésima organización y los ánimos se iban crispando. A falta de 2 horas el estadio estaba casi colmado, pero fuera había más de 10.000 personas con entrada que no podían entrar. Las avalanchas se iban sucediendo ya que muchas personas tenían su entrada y no podían entrar por las miles y miles de personas que se habían colado o que habían entrado con entradas falsas.

Ese solo fue el primer episodio de una tarde lamentable. El desencadenante de todo llegó cuando el autobús de Boca Juniors se acercaba al estadio de River. Los simpatizantes de River, por llamar de alguna manera a estas personas, comenzaron a lanzarle piedras y botellas al autobús y les rompieron casi la totalidad de los vidrios de las ventanas. Los jugadores del conjunto xeneize fueron dañados con heridas por los cortes y también fueron muy afectados por el gas que lanzó la policía para dispersar a la gente. Dicha policía tuvo una pésima organización ya que Boca llegó por una calle en la que había, no más de 20 policías, ante barras de River que estaban preparados para lanzar todo tipo de cosas al autobús. Tras ello los jugadores de Guillermo Barros Schelotto se bajaron del bus muy afectados, con ganas de vomitas y sin poder respirar bien.

Desde ese momento el partido estuvo en peligro de disputarse ya que los jugadores de Boca Juniors no estaban aptos para hacerlo. Pablo Pérez y Gonzalo Lamardo tuvieron que ser trasladados a un hospital ya que tenían trozos de vidrio en el ojo y otros jugadores como Villa o Almendra estuvieron en el vestuario muy afectados. Todo tuvo una organización pésima y una parte de la barra de River consiguió su propósito desde el principio, reventar la final. También una de las imágenes más lamentables y, que dio la vuelta al mundo, fue la madre aficionada de River poniéndole unas bengalas a su hija pegadas al cuerpo ya que a los niños no los cachean al entrar al campo.

Conmebol, el máximo órgano del fútbol sudamericano, con su máximo mandatario a la cabeza, Alejandro Domínguez, nunca dio una información clara. En un primer momento los jugadores de Boca se negaban a jugar, ya que estaban en desventaja física y psíquica, y Conmebol le estaba "obligando" a salir al campo, pero tras muchas horas de espera, en la que los aficionados estaban dentro del estadio, un pacto entre ambos clubes suspendió el partido para el domingo. Dicho día por la mañana Boca se negaba a jugar y presentó una reclamación para que le dieran la Copa. Al mismo tiempo River anunciaba que se abría el estadio y Conmebol que el partido quedaba aplazado. Todo fue una feria que no estaba a la altura de un partido de tales dimensiones. Finalmente, Conmebol se reunirá en Paraguay para decidir con Boca y River donde y cuando se juega una final ya manchada por los lamentables acontecimientos.