El vacío legal de las asociaciones cannábicas

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El vacío legal de las asociaciones cannábicas

Octubre 08, 2017 - 04:13
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Estos clubes son puntos privados de encuentro para consumidores de marihuana. El mayor riesgo que corren es el transporte de la materia prima desde su lugar de cultivo hasta el establecimiento

Fotografía libre de derechos

Todo hemos oído hablar de la marihuana, ¿pero sabemos realmente lo que es? La marihuana es una sustancia psicoactiva que se logra de la planta conocida como cannabis sativa, que se suele consumir a través  de las vías respiratorias, es decir, fumándola como un cigarrillo, y que producen en quien la fuma un efecto de tipo narcótico inmediato. Está compuesta por diferentes sustancias químicas, entre las que predomina el tetrahidrocannabinol (THC), el cual convive con más de 400 sustancias diferentes.

En España, el 30,4% de la población consume cannabis o derivados. Son datos que recoge el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías en su último Informe anual. En él se asegura que unas 940.000 personas lo consumen a diario en nuestro país. Muchos de ellos lo hacen en asociaciones cannábicas, ya que más de 600 clubes de este tipo se reparte a lo largo del territorio español. Sólo en Sevilla, se encuentran más de 50 establecimientos.

Las asociaciones cannábicas son puntos privados de encuentro para consumidores de marihuana. Hoy en día disponen de zonas de descanso, televisión, aire acondicionado, juegos recreativos, videoconsolas... y, por supuesto, el dispensario, el lugar en el que los socios adquieren las sustancias. Para formar parte de un club no hace falta más que “ser mayor de edad, haber sido consumidor de cannabis anteriormente, conocer a un socio o contar con un certificado médico que acredite que tienes una enfermedad que pueda ser tratada con la marihuana”, según las palabras de Rodrigo, presidente de la asociación sevillana Cannaria.

Las primeras asociaciones en España abrieron para aquellas personas que necesitaban la marihuana terapéutica. A día de hoy, la gran mayoría lo hace con fines recreativos. Aun así sigue habiendo asociaciones exclusivas para la paliación de enfermedades, cuyo tratamiento está relacionado con el consumo de opiáceos, como la Asociación del Cáñamo Terapéutico, situada en Mairena del Aljarafe, así lo explicaba uno de sus socios fundadores.

El artículo 22 de la Constitución Española reconoce el derecho de asociación y sólo prohíbe las asociaciones secretas o de carácter paramilitar. Aquí reside el principal vacío legal, ya que cumplimentan todos los requisitos necesarios para ser legales, “porque su constitución es sin ánimo de lucro, además de que la ley permite el consumo compartido, por lo que mientras por socio no se supere las cantidades estipuladas por la misma (aproximadamente 800 gramos por persona al año) y se pueda demostrar que unas plantas son de un socio u otro, no hay ningún problema y son totalmente factibles”, según cuenta Carolina Barranquero Rodríguez, letrada de THC Abogados.

La mala práctica

 La Federación de Asociaciones Cannábicas de Andalucía (FAC-SUR), se define como “la encargada de defender y representar los intereses de las asociaciones federadas y personas usuarias de cannabis perteneciente a su masa social, al buen funcionamiento de las mismas y a la lucha contra las irregularidades”. Sin embargo, se pueden encontrar ejemplos de mala práctica en diferentes clubes repartidos por toda Sevilla. “En mi asociación hay veces que no se puede ni entrar porque el espacio es pequeño y somos más de 1.700 socios, asegura Álvaro Granado, socio de Sevikanna, situada en la calle Albuera. En la misma situación se muestra Alfonso Ramírez, socio número 48 de Medical Seed, ubicada en el polígono Calonge, quien cuenta que “en el local no sólo venden droga, sino que también venden comida y bebida sin tener licencia, y además la gente viene con droga de otros lugares para consumirla dentro del local sin problemas”. Estas asociaciones son sólo dos ejemplos de clubes que no están suscritos a la FAC-SUR debido a sus irregularidades.

Del campo a la asociación

 Rodrigo lo tiene claro: “¡Que nadie se entere del lugar donde está el campo en el que plantamos!”. El mayor riesgo que corren estas asociaciones es el transporte de la materia prima desde su lugar de cultivo hasta el establecimiento, ya que está prohibido por la ley. Cada asociación dispone de su propio campo para cultivar las plantas que dispensará, su ubicación es  su secreto mejor guardado. Pero hay ocasiones en las que toda la cosecha no es suficiente para satisfacer las necesidades de los socios, es entonces cuando se recurre al mercado negro, como confiesa el presidente de Cannaria.

 “España es la granja de Europa”, continúa Rodrigo. Sin ir más lejos “el 90% de la marihuana que se vende en los coffe shop de Holanda está cultivada en Andalucía, y muchos dueños de estos locales montan asociaciones en el sur de España, y la mayor parte de la cosecha la trasladan hasta su ciudad de origen para venderlas en sus establecimientos”. Esto es una demostración de la cantidad de plantaciones ilegales que existen en esta comunidad.

 Vender o dispensar

Según la Asociación Madrileña de Estudio sobre el Cannabis (AMEC), la legislación pena el tráfico, la promoción y la venta de droga, pero no el consumo. Por ello, en estos clubes no se vende la marihuana como tal, sino que se dispensa. Los socios aportan una ayuda monetaria cada vez que adquieren una determinada sustancia para ayudar al buen mantenimiento de la asociación, además de pagar mensualmente una cuota de cinco euros.

 Pero la práctica no tiene nada que ver con la teoría. Por lo que se ha podido comprobar, si un socio desea adquirir una sustancia concreta, deberá pagar un precio estipulado previamente por la asociación, no una simple ayuda. Esto recuerda al clásico negocio de venta de droga, el cliente paga la cantidad exacta que desea adquirir. Por ello no es de extrañar que Diego, uno de los miembros de la junta directiva de Medical Seed confirmara  que “trasladé el negocio de mi casa hasta aquí”. En definitiva, un negocio que siempre estará en un limbo legal, pero que con las malas prácticas puede llegar a ser un mercado negro de muy fácil acceso.

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