"El trabajo con menores en riesgo de exclusión social da fruto a largo plazo"

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"El trabajo con menores en riesgo de exclusión social da fruto a largo plazo"

Febrero 04, 2019 - 20:13
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Lucía Aguilar explica su día a día como educadora en un centro de Inserción Socio Laboral

Foto vía: ABC

Lucía es un sevillana de 22 años que desde que terminó su carrera de Educación Social se dedica a su profesión en cuerpo y alma. Asegura que como todos los trabajos, ser educadora de menores en riesgo de exclusión social también tiene sus ventajas e inconvenientes. Es un trabajo duro, que requiere de mucha paciencia porque empieza a dar fruto a largo plazo pero aun así, la joven está encantada de la labor que realiza. 

Lucía trabaja en un Centro de Inserción Socio Laboral de Andalucía, ubicado en una zona considerada en riesgo de exclusión social o lo que en lenguaje social se denominaría una ZNTS (Zona con necesidad de transformación social). La entidad, financiada por la Delegación Territorial de Educación y bajo el amparo de la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía, trabaja por la reinserción social y el acceso al empleo de los colectivos más vulnerables, como podrían ser reclusos, personas migrantes, desempleados de larga duración, mujeres maltratadas, jóvenes en riesgo de exclusión social o menores absentistas. Concretamente, Lucía trabaja por y para estos últimos. La sevillana trabaja en un proyecto (del que prefiere no dar el nombre por la ley de protección de datos), cuya finalidad consiste en conjugar aspectos formativos y educativos para la inserción socio laboral de menores de 14 a 15 años, cuya situación verdaderamente corre peligro. "Nosotros intentamos que el niño venga a clases por todos los medios, antes de que se busque un problema mayor", añadía la joven.

Lucía trabaja junto a otra compañera también educadora y una psicóloga para reinsertar a los menores del barrio en riesgo de exclusión social mediante técnicas formativas de competencias básicas, fomentando las habilidades sociales del menor y sobre todo como dice ella, con mucho cariño y comprensión. Durante la entrevista y ante mi asombro al escuchar su testimonio, Lucía me explicaba que ella tardó poco en comprender el por qué de esos jóvenes con conductas tan disructivas. "Al final son jóvenes con familias desestructuradas, algunos incluso tienen a un progenitor recluso, otros están en situación de abandono y en el peor de los casos, algunos conviven con casos de drogodependencia en casa".

Al centro acuden cada mañana menores de entre 10 y 15 años que por diversos motivos son absentistas, es decir, no van al colegio o instituto. Y, en función del nivel de absentismo, existen diferentes actividades y proyectos para cada uno de ellos. Hay que recordar que no solo hay menores cuyas circunstancias familiares o económicas no les permiten ir a clases, sino que existen otros muchos que están matriculados en centros pero terminan siendo expulsados por conductas irregulares que generan situación de peligro para el resto de profesores y alumnos. Es entonces cuando entra en acción la labor del centro de inserción . "Estos niños tienen mucho rechazo hacia los profesores, nosotros los educadores somos más cercanos, de hecho trabajamos con cada uno de ellos de forma individual", recalca la diferencia entre la labor individualizada de un educador con respecto a la generalizada de un profesor.

Su jornada laboral en teoría comienza a las 09:00 de la mañana y termina a las 14:00 de la tarde, pero, como bien se lee esa es la teoría. Luego en práctica casi nunca es así, puesto que según Lucía allí el horario es de lo más imprevisible. "Existen menores que vienen de forma voluntaria y otros menores que tenemos que ir a recogerlos a sus casas. De camino a casa de uno te puedes encontrar por el barrio con otro y tienes que intentar convencerles de que vengan al centro". Una vez consigue agrupar a todos los menores, comienzan la mañana con una asamblea. Lucía nos explica que la asamblea es la actividad más importante que realizan. Con ella se pretende que los menores se expresen, cuenten cómo han vivido el día anterior, qué han hecho, a dónde han ido, cómo se sienten etc, y mientras ellos hablan e interactúan entre sí, el equipo formado por las educadoras y la psicóloga elaboran el informe de indicidencias que luego pasan a los Servicios Sociales del Distrito. En él anotan los avances, las incidencias, o incluso algún detalle que denote que algo no va bien. Por ejemplo, un aspecto físico demacrado, ropa desaliñada, o marcas por agresión en alguna zona del cuerpo hacen saltar las alarmas. 

A continuación, una vez finalizada la asamblea con la que se pretende que el menor se abra y exprese lo que siente, comienza el turno de las clases. Cada día dan una materia diferente. Matemáticas, Lengua, Inglés, Conocimiento del medio o Aula Tic componen el "imprevisible" horario del centro. Esta última es la que más les gusta porque pueden esuchar música en Youtube. "A nosotros nos sirve de mucho para trabajar las emociones porque dependiendo de la música que escuchen, sabemos como se encuentran".

A la pregunta de si siente o ha sentido miedo alguna vez en su trabajo, Lucía explica que al principio sentía el miedo característico de lo desconocido, pero después se ha ido ganando su confianza. Confianza que asegura no le ha sido nada fácil conseguirla. "Es muy difícil que nos hagan caso porque en casa no tienen ninguna autoridad", sentenciaba la joven. También explica que no todo es tan bonito como parece. También se ha visto inmersa en situaciones conflictivas por disputas entre los menores. Es aquí, donde nace la pregunta de si se siente satisfecha con su trabajo. Y a la joven se le llena la cara de alegría y responde con un sí rotundo. Asegura que esta es una carrera de fondo, un trabajo en el cual se ve progreso a largo plazo aunque se perciben pequeños cambios a diario. "Es muy reconfortante ver como los niños vienen solos a clase y directamente me cuentan lo que han hecho o como se sienten". 

El objetivo del centro no es otro que conseguir que el niño acuda a las clases durante todo un año y al siguiente se encuentre en condiciones óptimas de poder matricularse en un centro educativo.

Lucía está convencida de que con esfuerzo, dedicación y cariño se puede erradicar el absentismo escolar. Si bien, reconoce que hacen falta recursos y medios por parte de las autoridades competentes. "No podemos llevar a los niños de excursión por falta de medios y solo somos dos personas para 8 niños"; teniendo en cuenta que debido a las conductas de los menores, estos no se pueden quedar sin supervisión ni un solo segundo.

 

 

 

 

 

 

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