Cortázar y Pizarnik, ¿amor o admiración?

0
517

Rondaban los años 60 cuando el destino hizo coincidir a Alejandra Pizarnik y a Julio Cortázar en París. Su afinidad y complicidad siempre dio qué hablar desde el primer momento en el que sus miradas se cruzaron. Tras la publicación de Rayuela surgieron los primeros comentarios por el gran parecido de la Maga a Alejandra, la cual incluso llegó a afirmar a Julio Cortázar que el personaje de dicha novela era ella, algo que él nunca le negó, a pesar de que Rayuela ya estaba escrita antes de que el autor conociese a la poeta argentina, tal y como confirmaba una carta que Cortázar escribió a su amiga Ana María Barrenechea.

Él la introdujo en los círculos intelectuales de París e incluso en su casa, donde Pizarnik conocería a Aurora, la pareja de Cortázar. Ambos intentaron ayudar Alejandra con su inestabilidad emocional, sus intentos de suicidio… Algo que finalmente ni Julio, ni su pareja, pudieron evitar.

Cuando Alejandra Pizarnik ingresó en un hospital psiquiátrico de Buenos Aires escribió la polémica dedicatoria en el libro " que viola el sentido común" a Cortázar:

“(…)Julio, creo que no tolero más las perras palabras

La locura, la muerte. Nadja no escribe. Don Quijote tampoco.

Julio, odio a Artaud (mentira) porque no quisiera entender tan sospechosamente bien sus posibilidades de la imposibilidad.

PD: Me excedí, supongo. Y he perdido, viejo amigo de tu vieja Alejandra que tiene miedo de todo salvo (ahora, oh Julio) de la locura y de la muerte. Hace dos meses que estoy en el hospital. Excesos y luego intento de suicidio —que fracasó, hélas (…).”

 

A lo que Julio contestó el 9 de septiembre de 1971 :

Mi querida, tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estás ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo a punto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza –y todo eso,, está del lado de la vida y no de la muerte. Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra.

Escribíme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo"

Julio Cortázar.

A los pocos días de recibir esta carta, el 25 de septiembre, Alejandra se suicidó con tan sólo 36 años de edad, tras tomar 50 pastillas de seconal. Es imposible saber si realmente los sentimientos de Alejandra Pizarnik por Julio Cortázar traspasaron la barrera de la amistad y la admiración. Lo único que nos queda de esta historia, son los poemas y cartas que ambos se dedicaron. 

Etiquetascultura